Hablemos de esa obra maestra del cine llamada «1917»

Los que amamos el cine muy a menudo nos quejamos de como la industria se ha convertido en un espectáculo vacío, lleno de fuegos de artificio y más enfocado a satisfacer el momento que a dejar un poso y ofrecer un producto de máxima calidad.

Pues bien, parece que cuanto más lo decimos más nos dan en la boca con razones para pensar lo contrario y cintas como «El faro», «El irlandés», «Érase una vez en Hollywood», «Parásitos», «Midsommar» o la que hoy nos ocupa nos demuestran lo contrario.

Y es que «1917», la última cinta de Sam Mendes (Reino Unido, 1965) es un ejercicio de cine tan sublime que tira por tierra nuestros argumentos sobre como la calidad del séptimo arte ha bajado.

Puede que se hable demasiado de las franquicias de blockbusters, pero eso no quiere decir que no haya magníficas alternativas como esta y las arriba mencionadas.

«1917» es otra prueba de que se sigue apostando por el buen cine

Como saben, Mendes se puso en boca de todos con la subversiva y magnífica «American Beauty» y siguió cimentando su carrera con joyitas como «Camino a la perdición», «Jarhead», «Revolutionary Road», «Un lugar donde quedarse» o «Skyfall», la mejor de James Bond en años.

Su cine es sinónimo de calidad y no de cantidad y ha vuelto a demostrarlo más que nunca con su última y, muy posiblemente, mejor película hasta la fecha.

«1917» cuenta la historia de como dos jóvenes soldados británicos (en plena primera guerra mundial) deberán atravesar una grandísima parte de terreno enemigo para entregar un mensaje que evite un sanguinario ataque contra los suyos. Un guión sencillo que parece una evolución de «Salvar al soldado Ryan» y que en manos de Mendes se convierte en una obra magna.

«1917» es probablemente la mejor película de Sam Mendes

Rodada en -falso- plano secuencia, Mendes se regodea en la amistad y en el talento de los dos actores principales pero también en el barro, el humo, las trincheras, las alambradas, los insectos y la mugre de la guerra para contarnos una historia sencilla plena (y conscientemente) amplificada por su técnica como director.

En manos de otro podríamos estar hablando de una cinta más, en las de Sam Mendes tenemos un producto sublime.

Como obra de director (aunque todo lo demás encaja a la perfección), 1917 es una película para verla en el cine, aunque esto es aplicable a casi todas las grandes películas bélicas.

Un film magnífico que nos hace recuperar la esperanza en el cine de máxima calidad y en cuyos directores (Fincher, Anderson, Bigelow, Cuarón, Villeneuve o Mendes) ponemos toda nuestra fe.


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