Locura y excentricismo al límite: llegó la hora de volver a ver «Ali G»

A estas alturas, nadie duda de que Sacha Baron Cohen es uno de los cómicos más estimulantes, creativos y arriesgados del mundo.

Inspirado en su ídolo (el grandísimo) Peter Sellers, este londinense que nació a comienzo de los setenta es capaz de crear personajes excéntricos e hilarantes, mimetizarse con ellos y acabar convirtiéndolos en símbolos mundiales del humor. Así ha sido con Borat, Bruno o el que hoy nos ocupa por razones obvias: Ali G.

El rapero ficticio y hoy convertido en icono, hizo sus primeras apariciones en Channel 4, en el cual entrevistaba a personas de todo tipo con una personalidad y unos rasgos ya absolutamente definidos.

El personaje de Ali G fue creciendo tantísimo en popularidad que llegó a entrevistar a autenticas personalidades mundiales (a las que siempre acababa humillando o desconcertando) y tanto fue así que fue llamado por la mismísima Madonna para aparecer en el vídeo de su hit ‘Music’.

Entre broma y broma, Ali G (o mejor dicho, Sacha Baron Cohen bajo su personaje creado) acabó entrevistando a Shaquille O’Neal, Noam Chomsky (esto es lo más surrealista de la historia de la televisión), John McCain, Donald Trump, David Beckham o Buzz Aldrin.

Tanto fue el éxito y el impacto de esta amplificación satírica de los tics de los raperos que a nadie le extrañó que acabaran ofreciéndole hacer un largometraje con el personaje como protagonista. Cinta que también sería un éxito.

«Ali G» se convirtió en un icono mundial casi de la noche a la mañana

Y dicho y hecho, en 2002 se estrenaba «Ali G in da house», que exploraba en el mismo tono de humor zafio y de sal gruesa los orígenes del personaje, sus amistades, sus enemigos, sus amores y sus conflictos interiores.

Y, aunque la historia tenía y tiene su gracia, sabemos que el peso de la función recae en el «cómo» y no en el «qué» en cuanto a que es Ali G y su exageración de los tipos de raza blanca de clase media que imitan a los afroamericanos del ghetto (y a los jamaicanos) donde está la gracia.

En la película (titulada en españa «Ali G anda suelto»), nuestro protagonista está preocupado por el cierre del centro en que trabaja, debido a la ausencia de fondos.

Para dar de qué hablar y conseguir su objetivo, Ali G se encadena en un estación de autobuses, donde llama la atención del primer ministro que lo acaba convenciendo para que se presente a la presidencia del gobierno. Por supuesto, no todo será tan blanco ni tan fácil, y pronto Ali G se verá en problemas que le sobrepasan.

El film fue exactamente lo que uno esperaba de él y es por ello que fue un tremendo éxito y sus frases han sido adoptadas y repetidas hasta la saciedad.

Un personaje exagerado que imita a personajes a su vez estereotipados sobre el que se construye una historia surrealista y que funciona gracias al que debe llevarse el mérito de toda la función: Baron Cohen. Él da vida al personaje, él hace que todo funcione y es la base de todas las razones por las que ver la película en su día y hoy.

«Ali G In Da House» es tan hija de su tiempo como divertida. Incultura, palabrotas, clichés, secundarios ridículos… Una amalgama tan simple como efectiva si sabemos a lo que vamos. Y es que esa es la cuestión con Ali G: si sabes a lo que vas y aceptas su micromundo, puedes volver a pasártelo bomba. Si eres de los que se toma la vida demasiado en serio… Mejor no vengas a este barrio.


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