Almighty, la diversidad en la música urbana y Bad Bunny

Hace poco ensalzaba aquí el nuevo videoclip de Bad Bunny, ‘Caro’ como una muy buena noticia para la salud de la música urbana. Los tiempos han cambiado y los derechos del mundo LGTBIQ+ y de la mujer se han convertido en la fuerza de cambio político y social más importante de nuestro tiempo.

Sin embargo, en nuestra querida música urbana, parecía que seguían primando los estereotipos marcados durante los años 90. Como dijo C. Tangana en su perfomance en la Riviera para ‘Ídolo’: «Las copas, el dinero, los culos gordos, los fajos grandes (…)».

Bien. No seré yo, que he crecido con todo esto -y seamos honestos, es una de las razones por las cuales probablemente me enganché a este movimiento- el que lo critique taxativamente. Yo, pero también otras muchas personas entre las que hemos hecho que la música urbana sea el nuevo Rock&Roll, el nuevo Pop y el Punk de nuestra generación, todo a la vez.

Precisamente por la importancia que ha adquirido, adquiere y va a seguir adquiriendo la música urbana en nuestra sociedad, hace falta loar esfuerzos como el de Bad Bunny tras romper con Hear This Music y presentar ‘X100pre’. Hacer un disco cuando estás en la cima que no solo hable de todos los clichés del género es complicado. Sacarte unos visuales de la manga en los que llamas la atención sobre la violencia de género y das luz a todos los grupos minoritarios del mundo, es mucho más complicado todavía.

Igual que fenómenos como el Glam Rock o David Bowie sirvieron para dar visibilidad al incipiente mundo drag y queer en la NY y el Londres de los 70, lo de Bad Bunny, sin llegar a ser eso, quiere mirar en la misma dirección. Y está muy bien.

Almighty: «No es que yo esté en contra de eso, porque yo no juzgo, pero…»

Mientras en The Medizine y en otros tantos medios alabábamos la iniciativa de Bad Bunny con su nuevo videoclip para ‘Caro’, no todo el mundo pensaba igual.

En concreto Almighty, que ha hecho equipo con Benito en temas como ‘Solita’, estaba muy en desacuerdo con el vídeo de ‘Caro’, y subió varios vídeos a su IG en los que le decía a Bad Bunny cosas como estas:

Más adelante subió otra serie de vídeos en los que se arrepentía por haber hecho los temas que hizo en su momento «haciendo que tuvieran sexo, se metieran droga, janguiaran, quisieran cosas materiales…», y decía que ahora ya había cogido la buena senda y estaba apartado de todo ese mundo. Veremos cuánto le duran sus nuevas convicciones.

Y es que el tema de los derechos LGTBI es uno de los temas quitacaretas en la actualidad, los que diferencian a quienes de verdad están comprometidos con traer algo de aire fresco al ámbito en el que se muevan (sean los medios, un despacho de abogados o la música) y quienes enarbolan por sistema la bandera del «yo no digo nada, pero…». Porque, para quien no lo sepa aún, todo lo que precede a un pero no tiene ningún valor.

Este es el caso de Almighty, que culpa a conspiraciones mundiales, al diablo, y a los que mandan (en un ejemplo de retórica killuminati) de los males que asediaban a la sociedad en forma de visibilización de los colectivos minoritarios.

Yo, personalmente, soy un grandísimo fan de las conspiraciones: no me termino de creer nada del 11S, las fake news están en cada esquina corrompiendo cerebros (y lo que es peor, votos) y Lady Diana tenía problemas con la realeza británica. Sin embargo, si los grandes poderes han montado una conspiración mundial, Satanás mediante, para darle visibilidad al colectivo LGTBIQ+ después de siglos reprimidos pues… ¿Qué quieres que te diga, Almighty? No voy a quejarme.

La música latina y los movimientos sociales

Con el auge de la música urbana a nivel mundial, la música latinoamericana ha tenido una ocasión de oro para darse a conocer poniéndose bajo los focos del mainstream. Y lo está consiguiendo. En parte por su adaptación a sonidos más comerciales desde el reggeatón original, pero también porque es realmente la mejor música de baile jamás creada, que además gusta a -casi- todo el mundo, de la edad o condición que sean.

Por eso es importante que artistas como Bad Bunny, una superestrella de primer nivel, propongan a sus fans estímulos como los de ‘Caro’ o ‘Solo de mi’ en los que muchos jóvenes influenciables encontrarán a algunos de sus ídolos musicales aportando una mirada distinta al género.

La reciente muerte de Kevin Fret, el primer cantante de trap latino declarado abiertamente gay, ha sido un toque de atención realmente serio sobre un movimiento en el que rigen códigos de otro tiempo y que podría estar más abierto a diferentes sensibilidades.

En un género donde las drogas o la libertad sexual han sido exhibidas con asiduidad como algo normal –y que por lo tanto debería considerarse libre de tabúes-, actitudes como la de Bad Bunny (que tampoco se da golpes en el pecho por hacer los vídeos que hace, si no que se lo toma como algo normal) son de agradecer.


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