¿Cuánto facturan nuestros artistas fallecidos favoritos?

Con la muerte de Nipsey Hussle, nos volvimos a dar cuenta de una cosa: cuando un artista fallece, su legado musical y personal se amplifica a niveles estratosféricos. Lo mismo ocurría no mucho antes con Mac Miller, XXXTentacion y muchísimos otros.

Por desgracia, el rap, el trap y casi todas las variantes están tan ligadas a cierta violencia -inherente al estrato del que provienen- que tenemos cada año noticias similares.

¿Cuándo dejaremos de oír las mismas noticias una y otra vez?

Eso de despedir cada año a varios de nuestros artistas urbanos favoritos, aunque nos duela, se ha ido asimilando con el paso del tiempo. Desde las sonadísimas muertes de Tupac y Biggie -que fueron posteriores a muchas otras y anteriores a muchísimas más- casi lo hemos aceptado.

Y es que, como decía uno de los ex miembros de la legendaria banda Run DMC «Lloramos a nuestros ídolos mientras glorificamos un estilo de vida entre armas, pandillas y violencia». Esto, explicado de un modo tan claro y explícito, nos demuestra que es un completo sinsentido que cercena anualmente a gran parte de todo un género -con sus subgéneros- musical.

Sin embargo, tiene cierto sentido desde un punto de vista emocional y también desde uno mercadotécnico. El simple hecho de saber que no podremos tener más música nueva de un artista -aparte de la mayor o menor cantidad de material de estudio que haya dejado- nos hace volver a sus discos y valorarlos más.

Lo mismo sucede fuera de nuestros músicos favoritos: si fallece una persona conocida, tendemos a recordar sus mejores facetas y los mejores momentos que pasamos con él o ella, obviando sus defectos y ensalzando sus virtudes.

Desde un punto de vista comercial -desde la discográfica- puede ser un gran negocio que fallezca un artista, por muy duro que suene, aunque es algo relativo. Artistas jóvenes como Hussle, Miller o Tentacion valían mucho más vivos.

¿Y esto por qué? Pues porque a pesar de su impacto global, al fallecer tenían muchos discos, vídeos, directos y canciones que ofrecer. Lo cual implica que, aunque su fama se viera catapultada, el material con el que se cuenta para explotar es limitado. Lo mismo pasó con Biggie, Tupac, Eazy-E, Big L, Big Pun y muchos otros fallecidos hace años siendo jóvenes.

Notorious BIG ha vendido más licencias de productos que Tupac

Los casos de Elvis o Michael Jackson son muy diferentes. Artistas con un impacto más global y fallecidos en una época de sus carreras donde, si no estaban casi retirados -caso de Jackson- estaban en horas bajas -caso de Presley-.

En estos casos, sus repentinos fallecimientos -muy parecidos, por cierto- multiplicaron sus ventas y sus cifras siguen siendo estratosféricas a día de hoy: 400 millones de dólares por parte de Michael el año pasado y 40 por parte de Elvis. Si vamos a otros iconos como Prince o Bob Marley las cifras serían grandes pero alejadas: 13 y 23 respectivamente.

Si volvemos al rap nos damos cuenta de que las cifras económicas que se mueven son altas pero bastante alejadas del rey del rock y del rey del pop. XXXTentacion generó 11 millones de dólares desde en el último año, una cifra que no parece inmensa -aunque sí, es mucho dinero- comparada con Jackson y su suegro. En cambio, es un número muy alto si sabemos que Tupac Shakur -genio y figura- genera entre 3 y 5 millones de dólares al año de media, siendo una auténtica leyenda.

Las cifras de Biggie Smalls aka Notorious BIG -siempre según Forbes y otros medios disponibles- son mayores que la de Tupac, especialmente en venta de licencias en merchandising, superando así los 150 millones de dólares desde que fue asesinado. Además, la fortuna de Smalls en vida era mucho mayor a la de Tupac, debido a que el acuerdo que firmó con P. Diddy (entonces Puff Daddy) era mucho más beneficioso que el de Pac con Suge Knight, por el que fue básicamente estafado.

¿Vale realmente más un artista muerto que vivo?

No hay muchas fuentes fiables sobre cuanto están generando otros artistas tras sus fallecimientos -si la cifra no es muy abrumadora no se publica sobre ello-. Por ejemplo, sabemos que Mac Miller tenía una fortuna de 9 millones de dólares al morir.

Esto se debe, en parte, a que YouTube, Spotify o Tidal democratizan de alguna manera el hecho de oír música -al haber casi eliminado el formato físico- y eso hace que los números sean más proporcionales. Hay países en los que muchos artistas no tenían distribución oficial de discos y, sin embargo, acabaron llegando junto a internet.

En definitiva, un artista vale más muerto que vivo en términos económicos dependiendo de muchísimas circunstancias: punto de su carrera, tipo de música, proyectos a largo plazo, impacto a nivel merchandising y un largo etcétera. Lo realmente importante cuando se trata de la música urbana es intentar acabar con la violencia que parece ir ligada a sus géneros y que acaba con grandes artistas cada año. De esa manera no tendríamos que hacer artículos de cuánto facturan muertos, sino de cuánto ganan vivos. Live by the gun, die by the gun.


¿Qué piensa Neo Pistea acerca de la escena argentina? Pasad por aquí, y echadle un vistazo a lo que nos contó en su paso por The Medizine TV. 

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