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Vemos la segunda temporada de Atlanta: más y… ¿Mejor?

Cuando hace unos meses hablábamos de lo importante que era Donald Glover como -casi- artista del Renacimiento en Estados Unidos no podíamos imaginarnos el salto de fama mundial que iba dar el actor, productor, director, músico y guionista.

Tras el impacto global de la primera temporada de ‘Atlanta’ (serie que comenzó con poco ruido y acabó convirtiéndose en un must see), su papel en ‘Spider-Man Homecoming’, el éxito global del vídeo musical de ‘This is America’ (ya saben, bajo el pseudónimo de Childish Gambino), y su papel haciendo de un joven Lando Calrissian en ‘Solo’ para el universo Star Wars para acabar siendo lo mejor de la película, han acabado por subir la imagen de Glover de joven ultra talentoso a icono contemporáneo de máxima proyección.

Y donde mejor podemos conocer a Donald Glover es en ‘Atlanta’, la serie en que es escritor, guionista, productor, director (a veces) y co-protagonista o protagonista (dependiendo del capítulo). La serie, para aquellos que aún no la sigan, cuenta una fábula interesante y además nos sirven para conocer el talento creativo de su cabeza pensante.

La historia de una potencial estrella de rap y su círculo íntimo desde la primera vez que suena en la radio hasta que empieza a ser cada vez más reconocido y su vida es cada vez más surrealista. Y es que ese punto abstracto es uno de los más característicos de la serie, que algunas veces avanza en la tónica general de una narrativa clásica y otras se para con momentos -y capítulos- más absurdos, humorísticos dentro de su guía de estilo e incluso reivindicativos. Glover no escatima en recursos estilísticos cinematográficos y eso es muy interesante.

Y finalizada la segunda temporada y con un poco de tiempo para que se enfríe podemos sacar ciertas conclusiones. Como era de esperar, seguimos el camino de Paperboy, su mánager y su círculo de confianza en el acercamiento progresivo al estrellato, pero con unas diferencias con respecto a la primera temporada. La season 2 de ‘Atlanta’ se permite ciertas licencias que intuíamos en la primera pero de un modo más explícito.

Hay capítulos enteros que apenas avanzan en la historia general de la serie pero que nos muestran a un Donald Glover mucho más complejo, en algunos como simple entretenimiento (‘Barbershop’) y otros que se acercan al terror y al homenaje de los iconos negros caídos (en especial a uno) en esa pequeña obra de arte llamada ‘Teddy Perkins’.

También hay momentos para el racismo en diferentes capítulos, en alguno casi de modo íntegro y en otros con destellos y sutilezas. Y por supuesto la adaptación de un hombre pobre y su séquito a un modo de vida que empiezan a tocar con las manos: salas VIP, anuncios publicitarios, entrevistas, reuniones… Cuestiones con las que hay que lidiar y que hacen que ser una estrella del hip hop sea mucho más que sólo saber rapear y elegir buenas bases instrumentales para hacerlo.

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¿Conclusiones sobre la segunda temporada? La opinión general del público parece ser que es peor que la primera, aunque el aquí firmante no está de acuerdo. En la primera, la serie avanza de modo más clásico pero también es menos interesante y, sobre todo, vemos a un Donald Glover más comedido y conservador a todos los niveles. Sea como sea, ‘Atlanta’ sigue ofreciendo capítulos y momentos tan originales y subversivos dentro de su planteamiento que merece absolutamente la pena, así es si te mola el rap, así es si te gusta el cine, las series y los artistas que tienen mucho que ofrecer (aunque puedan descolocarnos por segundos).

La serie merece la pena, siendo maravillosamente imperfecta y extrañamente hipnótica, de algún modo es como pasar tiempo en la mente creativa de Donald Glover y eso es más que estimulante.


Si después de ver Atlanta te quedas con ganas de más, te contamos por qué deberías ver ‘Roxanne Roxanne’.

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