‘Clockers’: trapicheos, violencia y rap en el Brooklyn de los 90s

Cuando Richard Price escribió la novela ‘Clockers’ en 1992, ya era uno de los autores favoritos del legendario Martin Scorsese. Sus historias urbanas, violentas y realistas lo convirtieron en un must para el director neoyorkino, de modo que adaptar al cine el último libro del autor era el plan del cineasta en la primera mitad de los noventa.

Pero cuando Scorsese llevaba meses trabajando en la cinta, cayó en sus manos la obra que luego sería ‘Casino’ (escrita por Nicholas Pileggi, con el que también había trabajado en la sobresaliente ‘Uno de los nuestros’) y Marti vió que tenía un problema. De momento, el realizador tenía dos grandísimas historias de su estilo que le llamaban de igual manera para llevarlas al cine, de modo que tuvo una idea: ceder una de ellas.

Cómo ‘Clockers’ terminó siendo un must

De esa manera, Martin Scorsese cedió la dirección de ‘Clockers’ al tipo más capacitado del momento para una historia de ese calibre: Spike Lee, mientras él se ponía manos a la obra con ‘Casino’. Pero como el primero creía fervientemente en el libreto que le había pasado a Lee, quiso involucrarse de una manera más profunda y lo hizo siendo productor ejecutivo de la futura cinta, es decir: poniendo dinero.

Y Lee se puso manos a la obra y para empezar reunió a un casting de lujo y con reminiscencias de quien le había pasado el libro: Harvey Keitel, John Turturro (ahí es nada), Delroy Lindo, Isaiah Washington y para dar un toque callejero se fichó a un prometedor Mekhi Phifer como protagonista y a Sticky Fingaz y Fredro Starr de los legendarios ‘Onyx’ como sus compañeros de gremio. Rodada mayormente en Brooklyn -una zona que Lee se conoce al dedillo- y con filtros similares a los de ‘Do the right thing’, ‘Clockers’ se estrenaba en 1995 con grandísimas críticas y una recepción tibia de público (en términos de recaudación en cines), aunque con el tiempo acabó convirtiéndose en una de las cintas más aclamadas del director.

La película cuenta la historia de Strike (Phifer), un camello al que se le ofrece un trabajo sucio para ascender dentro del clan de vendedores mientras que es investigado por los inspectores Mazilli y Rocco, uno más impulsivo y el otro mucho más cerebral.

Lo que a grandes rasgos parece una premisa sencilla es, a manos del autor y de Lee, una historia llena de referencias, detalles, recursos narrativos e historias secundarias tan rica y bien rodada que uno acaba volviendo a la cinta una y otra vez. Las localizaciones, interpretaciones, diálogos (esa maravillosa verborrea de Rodney Little, las conversaciones entre los camellos), la crítica social, la dirección y el vestuario son solamente levemente ensombrecidas por una banda sonora que incluye -por alguna razón- temas de Seal entre clasicos del rap de Nueva York.

Y es en esa riqueza y diferentes capas y lecturas donde encontramos la mayor virtud (de muchísimas) de la cinta, los mensajes de Lee (unos sutiles y otros directos) y la crítica a todo lo que se mueva: los policías, los blancos que van a por drogas a los barrios negros, los jóvenes negros y su admiración por raperos violentos, la dejadez en el apoyo a los barrios marginales, las pocas posibilidades en el ghetto y mil y unas valoraciones más marca de la casa.

Como toda película de talla, revisionar ‘Clockers’ a día de hoy sigue siendo un placer a muchos niveles. La película aguante el embiste del tiempo majestuosamente porque sus virtudes cinematográficas son atemporales y, aún siendo una de las películas menos conocidas del director, es una de las cintas más equilibradas, sobrias y complejas del genio de Brooklyn.

Una obra cinematográfica tan fría, dura y violenta como la historia que cuenta, ‘Clockers’ te agarra y no te suelta y Lee es capaz de hablar sobre familia, amistad, lealtad y mil temas más sin tentarse por la hipérbole y la exageración de otras de sus obras. Si la has visto, estaremos de acuerdo, si no es así ya tienes plan para el fin de semana.


Y después de verte ‘Clockers’, podrías empezar con la serie ‘The Wire’, y te contamos aquí por qué es una de las mejor valoradas de la historia de la televisión.

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