El despertar de la nostalgia

Nostalgia es una palabra que connota una gran serie de significados. Un término que simboliza los recuerdos del pasado, los buenos, los malos. En griego antiguo la palabra “Nostalgia” significaba “‘dolor de una vieja herida”, creo que esta es la definición que mejor plasma el estreno de la última película de Star Wars. Diez años después de que la nueva trilogía de George Lucas fuera clausurada con ‘La Venganza de los Sith’, JJ Abrams ha dedicado los últimos años a ofrecernos una nueva oportunidad de disfrutar del universo de Star Wars en todo su esplendor. Y es que, seamos sinceros, la nueva trilogía nos provocó a muchos una herida profunda, una herida en nuestra infancia más tierna, desde los infumables diálogos entre Anakin y Padme que le producirían diabetes al mismo Paulo Cohelo hasta la insoportable presencia de un individuo que a mis años todavía sigo sin comprender qué papel pinta en la saga, Jar Jar Binks. No seré yo el que venga a revelarte la fatalidad de las películas I, II y III, he venido a hablar de mi libro la nueva película o lo que es lo mismo ‘El despertar de la fuerza’.

‘El despertar de la fuerza’ lleva despertando un hype casi insostenible a caballo entre los fans más críticos y cenizos que auguraban un desastre de dimensiones del ‘Ataque de los clones’ y los fans ilusionados y cautos, que vivían a la espera del estreno para soltar prenda. Más o menos por estas fechas, el pasado año se presentaba el primer teaser de la que sería la primera película de esta nueva trilogía que, como comentaba, no hizo más que crear bandos. Desde que vi el trailer sentí un poco de decepción, todo hay que decirlo, esa decepción y resignación se disipó conforme entraba en la sala de cine y los créditos iniciales empezaban a desfilar.

Desde que la música empieza a sonar, las luces se apagan y entran los títulos, vuelves a ser ese niño que se quedaba embobado viendo como Luke Skywalker destruía la Estrella de la Muerte o Han Solo era congelado en carbonita. Pero sigue existiendo algo en tu corazón que te dice “no te fíes”, como si de un desamor adolescente se tratara, hay un Pepito Grillo te dice que no has de ilusionarte por el dolor causado con anterioridad. Esos ‘peros’ desaparecen poco a poco, el escepticismo acaba y da paso a una primera brillante escena con los stormtrooper (guardias de asalto) a la espera del desembarco. Desde la primera escena nos introducimos en una trama y una escena llena de humanidad y emociones. Un soldado, un hombre del viejo Imperio, sin voluntad propia ni sentimientos vive una encrucijada ética y moral entre hacer lo que le han enseñado o lo que está bien. Este duelo ético y realmente filosófico rompe completamente con lo que habíamos visto en todas las películas anteriores, donde nadie se cuestionaba nada más allá del eterno debate entre Siths y Jedis, un guardián con conciencia. Este es el principio de una película distinta pero a la vez que ya conocemos, la historia del descubrimiento del poder interno y quizás de la autosuperación del individuo.

A raíz de acontecimientos variados de la propia trama, tenemos a dos personajes principales, Finn, el guardia desertor y Rey, la verdadera protagonista de la trilogía, Rey sobrevive en un desértico ambiente hostil a la utópica espera del regreso de sus padres. Pero el punto de inflexión en el desarrollo del largometraje es la localización de Luke Skywalker, sobre el que gira toda la película.

“¿Qué tiene de especial esta película?” dirás. Insensatos. ‘El despertar de la fuerza’ es un reencuentro, un nuevo comienzo desde donde lo dejó George Lucas en 1983 tras la caída del Imperio en la Luna de Endor. Muchos años han pasado desde este acontecimiento en esta galaxia de anarquía y orden en la cual la eterna lucha entre luz y oscuridad prosigue, llevándose vidas constantemente. La continuidad y el reencuentro son los temas que mejor definen a este filme que bien podría estar a la altura de la Trilogía Original‘El despertar de la fuerza’ rescata del baúl de los recuerdos a Leia y Han Solo, envejecidos y maltratados por los años y el sufrimiento que cobran una relevancia fundamental en la historia, confirmando mi idea de la continuidad y el reencuentro.

Si antes hablaba del duelo ético entre el bien y el mal en nuestro amigo Finn, esto no se queda aquí sino que es transversal y se aprecia en el malo malísimo de la película, Kylo Ren. Un aspirante a Darth Vader que en numerosas ocasiones de la película vive un duelo interno entre rendirse a la oscuridad y el odio o luchar contra la denominada ‘Primera orden’ (de la que no nos han contado nada) como ya hicieran sus padres. (No spoiler) El tal Kylo Ren tiene un papel que a primera vista parece incomprensible para la magnitud de un largometraje como Star Wars, es inmaduro, impulsivo, se deja llevar por la ira. Pero todo esto tiene una explicación que nos hace comprender a Abrams, Kylo Ren es un niño que quiso crecer muy rápido y vive perdido en un mundo que no comprende, al igual que Finn.

El regreso de ‘La Guerra de las Galaxias’ (gracias por tanto traductores españoles encargados de adaptar los títulos de las películas), podrá haber gustado más o menos, no cabe ninguna duda, pero esa nostalgia por la infancia, por el Halcón Milenario, por la fuerza, la pasión, por la República y Chewbacca se ha manifestado. Esta vez nostalgia no significa “dolor de una vieja herida” sino que adquiere un significado de calma, reencuentro y emoción.

Las luces se apagan y nos transportamos a la velocidad de la luz a una galaxia muy muy lejana, solo queda disfrutar.

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