«Dolor y gloria» arrasa con (casi) todo en los Premios Goya

No cabe ninguna duda de que Antonio Banderas (Málaga, 1960) es uno de los máximos exponentes internacionales del cine español, y no parece que sea porque sí.

El malagueño se fue a Hollywood siendo un desconocido y acabó triunfando con filmes como «Philadelphia», «Entrevista con el vampiro», «Desperado», «Four Rooms», «Evita» o «Conocerás al hombre de tus sueños» (de Woody Allen). Casi nada.

Y qué decir de Pedro Almodóvar (Ciudad Real, 1949) que no se haya dicho ya. Con un estilo personal y diferenciable, el manchego ha sido capaz de convertirse en uno de los directores de culto más importantes de todo el mundo, recibiendo homenajes desde Londres a Nueva York.

Es precisamente en España donde menos se le solía valorar (por aquello de que nadie es profeta en su tierra), pero parece que eso acaba de cambiar de una vez por todas. Es por ello que juntar a estos dos titanes del cine patrio era una apuesta casi segura (ya habían trabajado otras veces antes, como todos sabemos), pero porque la película lo merecía… Y así fue.

La nominación al Oscar de ambos avalaba una idea que se acabó cumpliendo: que acabaran arrasando con todo.

«Dolor y gloria» arrasa en los Goya

«Dolor y gloria» se llevó el Goya a mejor película, música y montaje (a cargo de Teresa Font) y para Pedro Almodóvar -más directamente aún- el de mejor director y mejor guión, una noche para sentirse orgulloso y reconciliarse con los máximos premios nacionales del cine español, sin duda.

Antonio Banderas recogía en su Málaga natal el premio a mejor actor en un breve y emotivo discurso: «Se cumplen tres años desde mi infarto», sin duda la vida te da alegrías y tristezas y anoche era un momento para lo primero.

De algún modo se hace justicia también con Banderas, un tipo tan inmensamente popular que algunas veces nos olvidamos de como ha cimentado su carrera en base al talento, por irregular que pueda ser su trayectoria en Hollywood.

Eduard Fernández se llevó el premio a mejor actor de reparto por la cinta de Amenábar (otro de los gigantes del cine nacional) en una película que se llevó el gato al agua en lo técnico. Benedicta Sánchez fue la mejor actriz revelación con nada más y nada menos que 84 años y «La trinchera infinita» fue una de las cintas perdedoras de una gala, que no destacó por nada fuera de las elecciones de los premiados.

Una noche de chistes de dudoso gusto de la mano de Andreu Buenafuente (que no era nuevo en esto) y Silvia Abril y un público frío con ellos en una noche para Banderas y Almodovar, para reconocer que quien tuvo retuvo y para hacer aún más grandes dos de los nombres que han puesto el cine español (junto a muchos otros) en el mapa.


¿Tiene razón Martin Scorsese y el cine de calidad está muriendo?

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