¿Beneficia la cultura del featuring a la industria musical?

Los featurings han sido siempre una herramienta recurrente en la industria musical. Estos sirven para crear expectación y alimentar la diversidad musical, de eso no hay duda. ¿Cuál es el problema? Pues que en los últimos años, fundamentalmente en la escena urbana, se ha generado una cultura del featuring, que en pocas palabras consiste en explotar las colaboraciones de todas formas y a cualquier coste.

Ha llegado un punto en el que tranquilamente podemos ver proyectos musicales firmados por un solo artista, en los que más del 60% del disco son colaboraciones. Estas «plagas» de featurings desvirtúan los álbumes y hacen que parezcan pegotes de canciones que fueron colocadas juntas porque sí.

Y no es que personalmente esté en contra de los featurings como herramientas musicales, nada más lejos de la realidad. En verdad, creo que bien utilizados son esenciales para la industria, ya que, qué habría sido del rap si Snoop y Dre o Jay-Z y Kanye nunca hubiesen colaborado.

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El caso es que en los dos ejemplos a los que he hecho referencia, existía un vínculo entre los artistas que los firmaron, y no eran una simple estratagema para ganar dinero. Esa es la raíz del problema.

Las colaboraciones de plástico

Si hay algo que afecta negativamente a la música, y al arte en general, es la plasticidad. Una canción en la que dos artistas graban juntos porque así lo pone en un contrato está destinada al fracaso musical, pero como los nombres siguen tirando económicamente del carro, se siguen dando este tipo de colaboraciones.

Además, si eres una persona con un mínimo sentido auditivo, puedes diagnosticar cuando un artista está colaborando por dinero en un chasquido de dedos.

Lo más duro de todo esto es que actualmente, el orquestar tracklists llenas de colaboraciones artificiales se ha convertido en cierto modo en una moda, y cada vez son más los proyectos que salen estructurados de esta manera. Al fin y al cabo el musical es un mercado competitivo, y si se marcan unos estándares, los artistas que se tienen que adaptar a ellos.

Parece que hay luz al final del túnel

El gran público es masivo pero no idiota, esa es la pura verdad. Y creo (de hecho estoy bastante seguro de ello) que las personas se están empezando a cansar de escuchar música de plástico. Solo hace falta ver dos de los álbumes que ocuparon el número #1 en la Billboard Hot 200 en las últimas semanas: ‘IGOR’ de Tyler, The Creator y ‘When We All Fall Asleep, Where Do We Go?’ de Billie Eilish.

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Ambos proyectos son muy personales, se fabricaron mediante una producción muy intimista y personalizada, y resultaron ser magníficos discos. El público soberano decidió que estos álbumes tenían que ser lo más fuerte de los Estados Unidos, y es porque son interesantes auditivamente hablando, no el resultado de fórmulas probadas y arcaicas.

Esperemos que este sea el rumbo que siga la industria musical a partir de ahora, y veamos más proyectos de autor en lo alto de las listas en el futuro. Y por supuesto, larga vida a los featurings mientras sean naturales, por supuesto.


Los que se han hecho famosos con las colaboraciones son los de #MODODIABLO. ¿Has visto ya la entrevista que le hicimos a Neo Pistea?

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