¿Es «Final Fantasy VII» el mejor videojuego de todos los tiempos?

Si preguntamos cual es el mejor videojuego de la historia, las respuestas serán diferentes y dispares. Pero aun así (y aunque existan docenas de miles de títulos) muchas de las respuestas se repetirán con un nombre: «Final Fantasy VII».

Como (suponemos) ya saben, «Final Fantasy VII» es un legendario e icónico videojuego de rol desarrollado por Square para PlayStation en 1997.

Con unos gráficos en 3D, la historia del juego nos cuenta cómo somos un mercenario llamado Cloud que se integra en un grupo ecoterrorista para frenar la dominación mundial por parte de una corporación llamada Shinra. Como podéis imaginar, si la cosa parece compleja e imprevisible, más aun lo será al coger el mando y ponernos a jugar.

La cosa es que más que jugar (que es el verbo adecuado), «Final Fantasy VII» es una experiencia por sí misma.

El videojuego no solo constituyó el asentamiento definitivo de los juegos de rol japoneses en el resto del mundo, sino un éxito de crítica y ventas. Hasta el punto de estar considerado uno de los mejores lanzamientos de todos los tiempos, prueba de ello es el remake que saldrá -se supone- en un mes o dos… si los retrasos no siguen continuándose.

Aunque hoy está más de actualidad que nunca, lo cierto es que jamás se ha dejado de hablar a Final Fantasy VII. Es por ello que hoy desde The Medizine recopilamos cinco razones para buscar la versión clásica (cada vez hay más modos y maneras) y volver a los noventa por la puerta grande con una de las mayores aventuras jamás creadas.

Por su increíble historia

La riqueza de la historia superaba con creces a otros como «Zelda» (su mayor competidor) o «Alundra». No solo la historia, también los rasgos de cada personaje y sus evoluciones dentro de la misma.

Si «Final Fantasy VII» fuese una película sería rica, compleja, profunda y llena de matices. Mensajes sociales incluidos, por cierto.

Por los gráficos

Si el juego sigue siendo maravilloso en lo visual, imaginaos lo que significaba en 1997.

El salto al 3D de la saga no podía venir acompañado de mejores detalles. Sea en interiores, en exteriores, en la tecnología o en la naturaleza (o en la mezcla de ambas que se da en el juego), la séptima parte de Final Fantasy es apasionante, bella e hipnótica.

La banda sonora

Creada por el genial compositor Nobuo Uematsu (Japón, 1959) que venía de trabajar en otras entregas de la saga y en «Blue Dragon», la música de «Final Fantasy VII» es fascinante.

Y lo es porque no juega a lo fácil, solo cuando llevas muchas horas de juegos empiezas a darte cuenta de la riqueza de su propuesta musical y de lo poco estridente y estudiada que está.

Para cada escenario, para momento románticos, introspectivos, de aventura o de exploración, «Final Fantasy VII» tiene la melodía perfecta.

La sensación de aventura y exploración

La libertad para explorar libremente mundos entre lo medieval y lo tecnológico fue revolucionaria. Lo que habíamos experimentado antes en ese sentido era mucho más pobre y limitado.

Final Fantasy no descubrió lo de meternos en una apasionante e imprevisible aventura donde somos los protagonistas, pero si lo llevó uno (o muchos) más pasos adelante.

Sigue siendo revolucionario

Los chocobos, el viaje a Marbella (como oyen, aparece en el juego), el mundo postapocalíptico y tecnológico, los diálogos, la evolución de la historia, el mensaje ecológico y, sobre todo, esa indescriptible sensación de estar en una aventure inmensa hacen de «Final Fantasy VII» una obra maestra.

Incluso jugarlo a día de hoy es una demostración de cómo está por encima de la mayoría de títulos actuales, que pueden pecar de ser más llamativos o ruidosos.

«Final Fantasy VII» es como una buena película, da igual que pase el tiempo… siempre descubriremos cosas en ella.


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