I Am Global: una estafa y un festival nefasto

Si no fuiste uno de los ganadores de las entradas que sorteamos para el I Am Global Festival: felicidades, eres un afortunado. Hablo en serio, eres un tipo con suerte. Para que os hagáis una idea, a estas horas hoy todavía debería estar sonando la música en Illa Fantasia, pero el festival fue cancelado ante miles de asistentes que atónitos veían cómo sus esperanzas de ver a French Montana se desvanecían.

Este evento prometía ser -y así lo explicitaba en toda su publicidad- “el festival en un parque acuático más grande de Europa“. Y, bueno, la verdad es que el sitio no era pequeño. Tal vez se hubiera notado algo más la magnitud del evento si la cuota de asistentes no hubiera sido bajísima. Y con bajísima me refiero a que Isla Fantasía, el parque donde se llevó a cabo el evento, tiene 75.000 metros cuadrados y sólo había algo parecido a una buena concentración de gente en una de las piscinas.

El equipo de The Medizine se trasladó desde Logroño y Barcelona hasta el evento para vivirlo en primera persona y poder contaros todos los detalles. Y teniendo en cuenta la pésima organización del festival, quedan algunas cosas por comentar.

Vamos a ir a lo más importante primero: ninguno de los dos cabezas de cartel actuó ayer. En efecto, el plato gordo del I Am Global tenía que ser Rae Sremmurd y French Montana, y por diferentes motivos -algunos más indignantes que otros- al final no llegaron a salir a escena. Lo de Rae era de esperar y, de hecho, muchos de los asistentes ya sabíamos que no iban a estar allí cuando conseguimos llegar al parque (que no fue tarea fácil).

Slim Jimmy, uno de los dos componentes del dúo, se hizo una grave herida en la pierna en el Governors Ball el día antes de venir a España. Tuvieron que operarle de urgencia y el estado del rapero claramente impedía que pudiera ofrecer un buen show. En ese sentido, esto son cosas que pasan y no se puede prever algo así, con lo cual este incidente fue inevitable, por lo que no vamos a cortarle el cuello a nadie.

Lo que no tiene perdón es lo que pasó con French Montana. En teoría el de Coke Boys tenía que salir a escena a las ocho de la tarde, y había estado unas horas antes en el escenario para hacer las pruebas de sonido. Hacia esa hora los pocos asistentes del evento dejaron los escasos -y carísimos- bares y el resto de piscinas y empezaron a aglomerarse cerca del escenario principal. Casi media hora más tarde de las ocho, salió Stylo G que calentó bastante el ambiente y animó al público durante unos veinte minutos a base de Dancehall hasta cuando supuestamente teníamos que ver a French. Pero no fue así.

Vamos a aclarar algo: French Montana no actuó en el I Am Global Festival pero absolutamente nadie de la organización salió a explicarle eso a los asistentes. Al despedirse el último grupo, la música simplemente dejó de sonar. En medio de un festival de música, con la gente en bañador borracha por el recinto ya un poco hasta los huev*s de que no hubiera una sola actuación, cortaron el sonido en seco y todo se acabó. Nadie tuvo la decencia de decir nada. Nadie explicó qué había pasado con el neoyorquino. Nadie hizo nada. Taparon la mesa del DJ sobre el escenario y desalojaron la piscina. Eso fue todo.

Mientras esto pasaba, ya oliéndonos que algo iba mal, nos encaminamos hacia la zona de prensa para saber qué ocurría exactamente. Fuentes cercanas a la organización nos enseñaron el mensaje que explicaba que French no actuaría porque no le habían pagado el 50% de la actuación restante. El festival, que tenía que ser un bombazo al cual mereciera la pena volver año tras año, terminó por ser una decepción absoluta.

El evento que se postulaba como uno de los más destacados del año en lo que a Rap se refiere se transformó en un parque acuático lleno de gente vestida con las últimas tendencias en sneakers, tacones y ropa de baño, que pudieron disfrutar durante todo el sábado de un simple escenario metido en una piscina donde pinchaban algunos DJs. Hicieron pagar a la gente entre 50 y 240 euros por la entrada para que el día fuerte, cuando se tenía que liar, cuando venía el plato principal, se fuera todo por la borda.

En teoría tendría que haber habido tres escenarios, pero nosotros sólo vimos uno. Los bares que había abiertos cambiaron sus precios habituales para venderte un agua a 3 euros (aunque esto último era de esperar en un festival). Las botellas y comida se tiraban al entrar. Hubo más de tres peleas en las que unos 15 seguratas (tamaño armario) tuvieron que intervenir para apaciguarlas.

A pesar de que a nosotros la organización no nos trató del todo mal, el personal que había atendiendo estaba desbordado y en ocasiones resultaba incluso desagradable.

Más allá de lo musical, otro de los grandes fallos estuvo en el transporte. Se informó a los asistentes de que habría autobuses gratuitos más o menos cada media hora que les llevarían hasta el I Am Global. En Barcelona se convocó a la gente en el centro de la ciudad. Hacia las dos de la tarde tendría que haber salido un autocar pero no fue así. Más de una hora hubo que esperar hasta que llegó el autobús, que tuvo que ir a buscar a los pasajeros hasta el Paseo Marítimo, a unos 15 minutos del centro andando. Hubo parte de los asistentes que incluso decidieron ir por su propia cuenta cuando vieron que la espera se hacía eterna.

Por si esto fuera poco, algunos de los trabajadores del evento con los que pudimos hablar nos contaron que hubo artistas que se quedaron tirados en el aeropuerto porque no se habían contratado coches para recogerlos (pero sí chóferes). A otros, ni siquiera les pagaron.

Todavía no se sabe si se devolverá el dinero de las entradas, aunque ahora mismo parece algo improbable. Las deudas que ha dejado se cuentan por miles de euros y eso sin tener en cuenta el dinero que han perdido los asistentes que han viajado de todas partes de España, incluso de otros países como Inglaterra, y que escogieron el I Am Global Festival como su destino para estas vacaciones.

En conclusión, esperábamos de este evento que fuera algo memorable y teníamos muchas ganas de poder ofreceros vídeos de las actuaciones a los que no pudisteis asistir. Sin embargo, a día de hoy el festival es tachado de estafa por todos sus asistentes y lo único que es seguro es que estamos ante una de las entradas a un aquapark más caras de la historia.

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