«Joker»: esa obra maestra que tanto estábamos esperando

Aunque pueda parecernos algo nuevo, lo de las adaptaciones de personajes de cómic con cierta introspección y profundidad, no es ningún descubrimiento y al menos podemos ver gran parte de ello en «Watchmen» (Zack Snyder, 2009) y la trilogía del Caballero Oscuro (Christopher Nolan) que comenzó en 2005.

Aunque hay una gran distancia entre esos ejemplos y la cinta que analizamos hoy, lo cierto es que son el germen y la razón de que una película así pueda siquiera plantearse hoy día. Eso, y que el público de los superhéroes (y todo lo que salga de un cómic o una novela gráfica) es en una grandísima parte adulto y tolera mucho más que la guía de estilo pop y accesible (y que nos encanta, todo sea dicho) de Marvel.

Lo sorprendente de este ir más allá en un género (aunque ni siquiera estamos seguros de que este film pertenezca al de super éroes) es que el director e ideario del proyecto sea nada más y nada menos que Todd Phillips, un tipo especializado en exitazos de humor comercial como la trilogía de «Resacón en Las Vegas» y cintas del montón como «Salidos de cuentas» o «Starsky y Hutch».

Bien es cierto que está tras la decente «Juego de armas» (en la que ya vimos esa pasión por emular el cine de Martin Scorsese), pero ni de lejos nos imaginábamos que fuese a parir tremenda obra como la que hoy nos ocupa.

Pero así es, llegado octubre y con un hype por las nubes -en gran parte por las participaciones de titanes como Joaquin Phoenix y Robert De Niro– nos sentamos en la sala y descubrimos y disfrutamos «Joker», la película más esperada en mucho, mucho tiempo.

De primeras descubrimos esas influencias de Scorsese antes subrayadas, especialmente de las geniales «Taxi Driver» (1976) y «El rey de la comedia» (1982) y de todo un cine en desuso, principalmente de los setenta. Entre la sordidez, la tristeza, la soledad y la crítica a una sociedad muerta carente de empatía.

«Joker»: más dura y fascinante de lo que pensábamos

La cinta nos narra la vida del personaje desde su trabajo como payaso de último nivel hasta la conversión en psicópata, y lo hace divagando entre la enfermedad mental, la pobreza y el capitalismo más frío y agresivo, ese que se ríe de tu pobreza después de haberte quitado la dignidad (y los medicamentos). Y es que Phillips no es sutil en ese aspecto, aunque tampoco lo era Scorsese en «Taxi Driver», aceptando las diferencias.

El director mueve al personaje por el fango en una película dura para que te creas su evolución y nos muestra ese mensaje claro en que gran parte de los monstruos nacen pero otros se hacen y lo vemos cada día.

Pero no todo es historia en la cinta, la dirección es sorprendentemente sobria y notable, las actuaciones memorables (Phoenix maravilloso y De Niro en modo automático), así como la fotografía, las localizaciones (una Gotham que es la Nueva York de los setenta) y una banda sonora bien pensada.

«Joker» es la película que se decía que sería: maravillosa en todos sus aspectos y una cinta que nos retrotrae a un cine casi extinto con el que uno recupera la fe en el séptimo arte y en las grandes productoras. Esperemos que recaude mucho y podamos disfrutar más de ejemplos así, prueba de que ni el público es idiota ni aquellos que ponen el dinero lo piensan.

Olvida todo aquello que habías leído sobre el origen del villano más popular de la historia de los cómics, es hora de sumergirse en «Joker», una cinta donde hay más y mejor de lo que esperábamos.


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