¿Es «La semilla del diablo» la mejor película de terror de todos los tiempos?

De un tiempo a esta parte, lo que se lleva en las películas de terror es el «jumpscare», es decir: que la cámara se gira y de momento haya un elemento en pantalla que nos dé un susto de muerte, normalmente a la par de un fuerte sonido.

Lo que era un recurso loable dio lugar a un abuso del mismo y de algún modo se empezó a trabajar menos en la parte realmente importante de una película: la atmósfera, la construcción de personaje, la historia, el guión y una dirección más dada a dejar un poso de terror en nosotros.

Pero no está todo perdido, películas como «Hereditary», «Un lugar tranquilo», «Déjame salir» o las dos «Expediente Warren» (especialmente la primera) son la prueba de que aún se hace cine de terror con oficio, plantando unos buenos cimientos cinematográficos y buscando un resultado meritorio más allá de los resultados inmediatos en taquilla y el boca a boca entre adolescentes.

Aun así, la dinámica actual en la media es la del susto fácil, los personajes planos, los tópicos y una idea muy llamativa de base con muy poco desarrollo y contenido.

«La semilla del diablo»: una joya a la que volver siempre

Y es que el cine de terror en realidad nunca ha dejado de ser trendy, el miedo es algo inherente al ser humano y siempre se han producido películas del género. Ha habido grandes modas (exorcismos, casas encantadas, influencia asiática, found footage…) pero el número de estrenos del género es una constante, y así ha sido siempre.

Aun así, cuando comparamos con grandes cintas de miedo, uno ve diferencias notables, y uno de los mejores ejemplos de un cine muy específico que se está perdiendo es «La semilla del diablo».

Dirigida por Roman Polanski (cuya vida personal vamos a dejar de lado) en 1968, la cinta narra a grandes rasgos y sin spoilers la historia de un matrimonio de jóvenes que se mudan a un céntrico apartamento de Manhattan. Allí conocerán a una llamativa pareja de ancianos que los colmará de atenciones, y todo mientras se enteran de que van a ser padres.

Mientras la carrera profesional del muchacho va viento en popa, su mujer empezará a tener ciertas sospechas, que no sabrá si son fruto de su mente… O no.

Tal como hizo después con la inquietante «El quimérico inquilino» pero de manera más perfecta y también más accesible, Polanski construye una historia tomándose su tiempo, elaborando a los personajes y las situaciones entre detalles y planos inmejorables hasta derrumbarnos por completo.

El director consigue una sensación de impotencia, de desasosiego y de desconocimiento ante una situación del todo desconocida como pocas veces hemos visto en la historia del cine, por eso «La semilla del diablo» compite con «El exorcista», «La profecía», ‘El resplandor», «Psicosis», «Al final de la escalera» y algunas más a mejor película de terror de todos los tiempos.

Si eres aficionado al cine de terror de calidad, habrás visto unas cuantas veces este film, y si no quizás es el momento.

Una de esas películas en que historia, dirección, actuaciones, banda sonora, localizaciones, diálogos, vestuario y el resto de elementos se conjugan al máximo nivel para parir (nunca mejor dicho) un film inquietante y una pesadilla en la que se descubre algo en cada visionado y que elevó a Polanski al Olimpo del séptimo arte. Irrepetible.


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