¿Es «L’École du micro d’argent» de IAM el mejor disco de la historia del rap francés?

En 1996, IAM ya era (con permiso de NTM) el grupo de rap más conocido de Francia, pero el sonido llevaba unos años cambiando en Estados Unidos y tal cosa no era ajena a ellos.

La irrupción de bandas como Mobb Deep o Wu-Tang Clan y casi todo el nuevo sonido east coast basado en un tipo -relativamente específico- de samples, bombos, bajos y cajas estaba pegando fuerte en todo el mundo. Mucho más que la musicalidad violenta del gangsta rap de la costa contraria, que seguiría de moda pero no por mucho tiempo más.

De modo que cuando Akhenaton (Philippe Fragione), Shurik’n (Geoffroy Mussard), Khéops (Eric Mazel), Imhotep (Pascal Pérez) y Kephren (Francois Mendy) se organizaron para grabar su siguiente disco, tenían más que claro el estilo de las bases instrumentales que querían así como las entonaciones y el flow para el próximo álbum.

No en vano, el LP fue parcialmente grabado en Estados Unidos, aunque quizás eso es una mera anécdota, porque el sonido que querían y buscaban ya estaba entonces más que interiorizado por los miembros de la banda de Marsella.

Un álbum ampliamente influenciado por Mobb Deep o Wu-Tang

Es obvio que el álbum está fuertemente inspirado por las producciones de RZA, aunque las letras oscilan entre las críticas al capitalismo y la sociedad francesa de la época y el ego-trip típico del momento. Siempre desde un tono serio que enlaza directamente en lo lírico con grupos mayoritariamente neoyorkinos de uno, dos y tres años antes.

El racismo, la pobreza, la violencia, las bandas o la prostitución son algunos de los temas que trata esta obra maestra, siempre con un uso muy respetable de los recursos estilísticos y un flow lineal.

No en vano, se puede decir que «L’École du micro d’argent» es uno de los pocos álbumes de rap europeos (o el único) que podría colarse en listados de los mejores discos de hip hop de todos los tiempos, ya que en lo musical y a nivel de raps podría competir con casi cualquier lanzamiento histórico.

Incluso la portada (y ya por ponernos a mirar cada detalle) nos hace entrever el tipo de producto que estamos a punto de encontrarnos, un álbum serio, con bases instrumentales del más alto nivel, rapeos inmejorables, grandes letras y que acabó catapultando a los marselleses a la fama y el reconocimiento mundial.

Y, como era de esperar, el disco tuvo un tremendo éxito: un millón y medio de copias vendidas con solo cuatro vídeos musicales extraídos del mismo, en cuanto al impacto y la influencia que tuvo en toda Francia podemos decir que se trató de un fenómeno histórico.

Destacar una sola canción del disco sería algo así como un sacrilegio, y es que el LP debería ser oído entero y en el orden en que apareció publicado en vinilo, CD y cassette.

Incluso a día de hoy, la escucha del álbum sigue siendo una experiencia fascinante para valorar lo que estos tipos hicieron hace ya más de veinte años.

Pero también es una sensación agridulce la que experimentamos al pulsar de nuevo al play, ese sentimiento que de algún modo nos dice que hace demasiado que no oímos discos con un acabado tan perfecto entre música, raps y mensaje social. Bienvenidos al planeta Mars, bienvenidos al pasado.


Si después de este throwback te quedas con ganas de más, checkea nuestra playlist #TBT90s: «J’s & Baggies».

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