‘Liquid swords’, la genialidad del maestro GZA en todo su esplendor

Cuando GZA (cuyo nombre real era Gary Grice) sacó a la venta su primer álbum en solitario en 1990 (antes del disco debut de Wu-Tang Clan), ya conocía al resto de miembros de la banda. Los otros del grupo -en su gran mayoría dedicados a los trapicheos- veían en su proyecto un halo de esperanza, la prueba de que los sueños se hacen realidad y de que había una manera de escapar de la venta de drogas, las peleas y la vida en el ghetto.

Pero no fue así, la discográfica presionó a aquel prematuro GZA para hacer un disco comercial al estilo de Big Daddy Kane y las ventas y la recepción de la crítica fue bastante discreta, por utilizar un eufemismo.

El disco que volvería a poner a GZA en primera línea

Para aumentar la desesperanza en la banda, RZA (primo hermano de GZA) sacó otro disco a la venta bajo el pseudónimo de Prince Rakeem y su éxito fue el mismo: nulo. Pero a pesar de que los ánimos estaban por los suelos, acabaron haciendo caso a GZA y sacando a la venta ‘Enter the Wu-Tang: 36 chambers’, el disco que lo cambió todo.

De golpe y porrazo, los miembros del clan pasaron del más absoluto anonimato o de fracasar con sus trabajos en solitario a formar parte del grupo más rompedor, fresco y revolucionario del hip hop en años y RZA negoció contratos en solitario para la mayoría de miembros del clan.

Para no tener problemas de incumplimientos de acuerdos y para que la telaraña del clan estuviese más y más expandida, RZA firmó con un sello diferente a cada uno de los integrantes, lo que acabó siendo una jugada maestra.

Y de esa manera, a finales de 1995 salía a la venta ‘Liquid Swords’, el álbum de GZA tras la explosión que supuso ‘Enter The Wu-Tang’ y un álbum que -a diferencia de su debut en solitario- acabó siendo una obra maestra.

Y es que al contrario de en su primer larga duración con Tommy Boy Records, en ‘Liquid Swords’ encontramos al verdadero GZA: un tipo reflexivo, introspectivo y obsesionado con el ajedrez. RZA conocía perfectamente el nivel intelectual de GZA (no en vano eran primos) y le dijo que fuese él mismo. Pero no todo eran las rimas y letras de GZA: las producciones que el beatmaker de Wu-Tang le entregó para el álbum eran maravillosas.

Highlights más prometedores de ‘Liquid Swords’

De ese modo, ‘Liquid Swords’ no sólo le quitó al de Brooklyn la espinita por su primer y nefasto disco, sino que acabó convirtiéndose en uno de los mejores trabajos de la historia del rap. Con la ya legendaria intro de la serie basada en el cómic ‘El lobo solitario y su cachorro’ nos introducimos en la compleja mente de GZA, lo que resulta toda una experiencia inmersiva.

Podríamos destacar alguna de las canciones del álbum (personalmente me quedo con ‘B.I.B.L.E.’, ‘4th Chamber’ y ‘Shadowboxin’) pero sería tremendamente injusto.

‘Liquid Swords’ se disfruta casi como un largometraje: desde la intro hasta el final y siguiendo el orden en que fue editado el disco, es de ese modo en que los pasajes musicales se amplifican (más si cabe) y como realmente conectamos con el universo mental y creativo del artista en aquel punto de su carrera.

El disco sigue siendo recordado como uno de los más personales e inspirados de la historia del rap, aunque no debemos olvidar la importancia vital de RZA como productor que captó a la perfección la música que GZA necesitaba no sólo para sus letras, sino también para su estilo de rimar y tono de voz, cada vez más cerebral y menos agresivo.

‘Liquid Swords’ es un álbum que ha aguantado el embiste del tiempo perfectamente, y es que cuando un disco se hace poniendo como prioridad la calidad musical y lírica, pasan estas cosas: que más de veinte años después seguimos hablando de él. Bienvenidos a ‘Liquid Swords’ y a la mente de GZA; la maquinaria de reloj suizo del hip hop.


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