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#BURNUNEXPECTED: Así fue la fiesta secreta en un pueblo abandonado

Por Ari P. Menéndez / 11/11/2017
#BURNUNEXPECTED: Así fue la fiesta secreta en un pueblo abandonado

Burn y Montana -sí, esos botes con los que te hiciste tus platas a los 15- se pusieron de acuerdo para convertir un pueblo abandonado en una auténtica rave. ¿No suena mal no? Nos invitaron al exclusivo evento y la verdad es que solo tuvimos que leer hasta «catering gratis» para que nos convenciese, así fue cómo se lo montaron:

#BURNUNEXPECTED

El ticket a la fábrica de chocolate: Un paquete misterioso

Tras un aura de ocultismo en la que la información iba con cuentagotas (parecía que íbamos a hacernos socios del Club de la lucha) recibimos un paquete misterioso. Al agitarlo algo se movía, y aunque pensamos por un momento en llamar a los artificieros decidimos jugárnosla y abrirlo (es broma, al agitarlo supusimos que era un bote de spray).

Por un momento nos telentransportamos a la época de Bullroot Wear y Lealty (s/0 al Zaturnino). Un hardcore de Montana. Han pasado años desde la última vez que tuve uno en mis manos e hice alguna chapuza por ahí.

Todo sea dicho, la idea es original y está bien ejecutada. Nuestro billete para la rave dorada no brillaba, sino que venía en forma de una edición limitada de Montana para la ocasión. 7 de noviembre 2017, vale, la fecha nos había quedado clara, ¿pero de qué coño va todo esto?

Por un momento estuvimos a punto de escribir un e-mail preguntando, hasta que segundos antes de tirar el envoltorio vimos que también venía una carta algo oculta en la que se detallaba todo. (Bueno, todo, todo… tampoco). No se detallaba nada, pero por lo menos sabíamos cuál era el siguiente paso.

La primera regla del club de la lucha es: Nadie habla del club de la lucha

Quedamos en Moncloa por la tarde. Nos recibieron mientras que iba llegando el resto de la gente y fuimos subiendo a 3 microbuses más pepinos que el Ferrari x L&V x Supreme del crío este de 15 años (en este artículo te contamos toda su historia). Antes de subir nos hicieron firmar que si nos robaban algún órgano no fuésemos a reclamarles luego, y que cedíamos nuestros derechos para salir en un vídeo (menos mal que habíamos cogido la póliza de órganos en el seguro justo antes). En el asiento del bus nos esperaban unos pequeños obsequios de Burn, pintura fluorescente, una mascarilla al rollo Keith Ape, una mochila…

No teníamos ni idea de dónde íbamos. 30 minutos de viaje, 1 hora… Algunos en el bus empezaron a celebrarlo pensando que nos estaban llevando a Razzmatazz en Barcelona, pero no. Por fin llegamos a nuestro destino: el pueblo abandonado El Alamín (no confundir con el chaval que vuela sobre una alfombra, aunque sus padres también lo abandonaron).

El Alamín es un puto sitio que mete más miedo que todos los decorados de Resident Evil y The Walking Dead juntos, por lo que el hecho de que el camino a pie fuese rodeado de barriles en llamas que invitaban a no entrar al más puro estilo serie de Movistar no ayudaba a bajar el acojone. La única luz que nos guió fue la de el propio fuego de los barriles y una antorcha que nos dejaron.

Ya estamos aquí, ¿ahora qué?

El meollo de la cuestión se centró en la iglesia abandonada de Alamín. Con una zona acondicionada para que los asistentes pudieran tirar unos trazos y pintarrajear al más puro estilo Marc Ecko’s Getting Up.  Además de esto, el ambiente estaba acondicionado por un chunda-chunda de technazo. A la peña parecía que le gustaba, no era muy de nuestro rollo pero al menos nos alegramos cuando nos enteramos del artista reconocido a nivel international que actuaría esa noche.

¡OZUNA! ¡El negrito de ojos claros!

Diossssss, que actúa Ozuna en esta rave de techno del demonio, prepárate bb… Oh wait. Osuna, Paco Osuna. Ahora en serio. No nos gusta el techno pero Paquito es un artistazo reconocido en todo el mundo, por lo que los compañeros que estaban allí sí que pudieron gozárselo con su actuación, y aunque no hizo honor a la frase con su nombre (o al menos que viéramos) la gente estuvo animada y lo disfrutó.

Además de Osuna, también estuvieron Lollino (ganador del Burn Residency 2k16) y Furkan Kurt (ganador del Burn Residency 2k17) -nos merecemos un premio por haber encontrado quiénes son sin tener la más mínima idea-. Resumiendo, que la peñita del untssz, untszz, se lo pasó bomba.

This is the end: La vuelta a casa

La noche acabó prontito (había ya algun puretilla que seguro que tenía que madrugar al día siguiente), nos montamos en el bus y pusimos rumbo a casa, después de una noche diferente, en la que pudimos sentirnos como los techno aliens.


Fotos por Jesús Cabo y Pat. Comunicaciones


Puede que a esta fiesta secreta no pudieses asistir, pero todavía estás a tiempo de flipar en la próxima 070 en Alicante.