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¿Podrá DMX volver de nuevo a lo más alto de su carrera musical?

Por JD Romero / 19/10/2019
¿Podrá DMX volver de nuevo a lo más alto de su carrera musical?

Aunque nacido en Baltimore, DMX pasó su infancia en Yonkers (en la ciudad de Nueva York) e incluso asistió a clase con la leyenda Mary J. Blige. Aunque, por aquellos entonces, el jovencísimo Earl Simmons (nombre real del artista) pasaba más tiempo metido en peleas y huyendo de la policía que en clase.

A pesar de que tomó su nombre de una caja de ritmos, DMX pasó su vida entre lío y lío, y su conducta parecía no enderezarse nunca. Y es por ello que, llegados a un punto en la segunda mitad de los noventa, decidió tomarse más en serio la cuestión musical e intentar alejarse de esa actitud destructiva, cosa que realmente nunca ha logrado.

DMX logró hacerse amigo del ejecutivo Irv Gotti que lo conectó con Ruff Ryders, y acabó nada más y nada menos que en Def Jam Records (aunque incluso negociaron con Bad Boy Records). Y de este modo, y tras varios meses de trabajo, vio la luz «It’s Dark and Hell is Hot» en mayo del 98, acabando como multi platino y lanzando al artista al estrellato y a una carrera en la que haría de todo: películas, series, cameos, colaboraciones y todo ello mezclado con una vida personal tumultuosa.

De los líos de todo tipo al número uno en las ventas

Y es que el éxito de DMX era un riesgo para cualquier discográfica, aunque Def Jam supo llevar su carrera y su imagen por los lugares adecuados. Un artista con una voz profunda, agresiva e intensa, que no es especialmente hábil en estructuras a la hora de rapear, que habla sobre el infierno, sobre su amor por los perros (especialmente los pitbulls) y la vida en las calles, pero que logra conectar con millones de personas y lograr hit tras hit.

Tanto es así, que los cinco primeros discos de DMX fueron números uno en Estados Unidos, aunque para ello no podemos olvidar las producciones de Dame Grease y el fantástico Swizz Beatz.

La carrera musical de DMX es hija de su tiempo: revitalizó el gangsta y el hardcore rap, pero a la vez sus letras eran excesivamente simples aunque muy oscuras y le pilló el éxito en la mejor etapa comercial (y de imagen) del hip hop a escala global.

Def Jam sin duda hizo un maravilloso trabajo colocándolo constantemente en portadas de revistas y dándole el valor añadido de artistas mucho más consolidados al situarlo junto a ellos. El mismo año (suponemos que la propia discográfica no tenía demasiada fe en su hype a largo plazo) el artista sacaba a la venta ‘Flesh of My Flesh, Blood of My Blood’, que volvía a ser número uno y al artista no dejaban de llamarlo para proyectos de todo tipo.

Mientras el de Yonkers cumplía con todas las cuestiones que le ofrecían seguía metiéndose en líos, teniendo hijos y siendo detenido casi semanalmente, todo ello acompañado de discos números uno y una relativamente incipiente carrera en el cine. Y todo fue así hasta que se apagó el boom de su carrera, dejó de ser fresco para la gente y no tuvo más puestos altos en el Billboard (aunque todo empezó con su disco número seis), con lo que se agudizaron sus problemas de la justicia.

Del cine y la música al olvido gracias a sus problemas

En los años posteriores DMX fue algo así como un meme por su incapacidad para integrarse en la sociedad sin estar constantemente en líos, hasta que ocurrió lo que le pasa a todos los perros viejos con hits a sus espaldas: que pasa el tiempo suficiente para ser reivindicado como leyenda… Y ese tiempo parecer haber llegado.

Fichado por Def Jam Recordings de nuevo y con un suculento adelanto de dinero, la discográfica pretende servirse de la nostalgia para volver a hacer caja con un artista con tantos hits como problemas legales. Suponemos que la icónica disquera quiere aprovechar el tirón comercial de varios anuncios de televisión que han elegido la música del artista para sus spots y así conectar con las nuevas generaciones, y linkear a los fans del hip hop más clásico valiéndose a su vez de la añoranza por cuando el rap era rap.

No es tarea fácil, pero quién sabe. Del mismo modo que -incluso estando un poco infravalorados durante años- se ha reivindicado al máximo a Wu-Tang Clan y hoy están de nuevo en boca de todos se puede lograr algo parecido con DMX, con la diferencia de que no es tan fácil controlar los impulsos de ése artista amante de las disputas y los perros.

Una nueva oportunidad para DMX que esperemos no pierda y se recupere de una vez de su bancarrota y sus múltiples problemas maritales y con la justicia. Que sea el tiempo el que hable sobre esta nueva aventura del neoyorkino.


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