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Este coche chino se controla con la mente

Por N. Warrior / 19/12/2015
Este coche chino se controla con la mente

Bueno, a ver, vamos a ponernos en escena. Sábado, 06:35 a.m. Sales de donde-mierda-hayas-acabado esa noche con como seis o siete copas de más. Y llega el momento trágico: la vuelta a casa. Aquí se abre todo un debate interno acerca de qué hacer con tu puta vida, porque pase lo que pase y escojas la opción que escojas todas las posibles tienen quejas.

A saber:

  • Opción A: volver a casa en metro/autobús o cualquier otro medio de transporte público en el cual te arriesgas a encontrarte con todo tipo de borrachos/violadores/carteristas/terroristas/swaggers y todo un sinfín de fauna urbana que tampoco hace falta enumerar porque no acabaríamos ni mañana. Esta opción no estaría tan mal si no fuese porque de golpe te acuerdas de que el transporte que habías decidido coger está CERRADO o no funciona porque a veces la Divina Providencia funciona así y estas casualidades se dan. En cualquier caso tal vez si vives en algún sitio medio chachi puedas volver a tu casa en un autobús nocturno, pero en fin, en el rato que tarde en llegar igual te ha dado tiempo de ir andando a tu casa. Lo que nos conduce a la opción B.

  • Opción B: volver a casa andando desde el culo del mundo o, en su defecto, en condiciones de salubridad cuestionables. O sea, borracho como una cuba o más ciego que Alfredo en su boda. Sea como sea, esta opción se ve desvirtuada si la acompañamos de unas condiciones meteorológicas de mierda o un ciego que realmente te impide siquiera dar dos pasos seguidos en una buena dirección. En este último caso, la vuelta a casa en transporte público tampoco asegura éxito alguno si no vas acompañado de alguien que impida que te desmayes en el andén. Pero bueno. Esta opción es la más viable si vives cerca de donde has salido o no estás muy cansado ni vas muy puesto, pero sino, debe descartarse lo más pronto posible, antes de acabar en una embarcada monumental de kilómetros andando a casa. Cosa que, por otra parte, suele suceder a menudo en sujetos demasiado perjudicados.

  • Opción C: coger un taxi. Y después, págalo, que ahí viene la parte divertida de la historia. Porque saliendo del club parecía una idea genial subirse a ese coche con luz verde que prometía dejarte en la puerta de casa en un período corto de tiempo y sin esperas ni molestias, hasta que te subes y ves que no has avanzado media manzana y ya le debes al conductor 5 euros y una octava parte de tu alma. En cualquier caso, si no dispones de pasta, o si sales todos los días y no eres millonario, la opción de coger un taxi no es la más recomendable para ti. Tampoco compartir un taxi entre varios sale a cuenta según donde viva cada uno y lo rácanos que sean tus compañeros de vehículo, porque surgen problemas que con la tasa de alcoholemia por las nubes se transforman en enfrentamientos bélicos. Y así es como te acaban echando de un taxi.

  • Opción D: la más cómoda de todas sin duda, que es volver a tu puta casa en transporte privado. ¿Beneficios? Infinitos: vas calentito (o fresquito, lo que tú quieras, que para algo tienes ventanas y climatización), nadie te toca los cojones, no corres riesgo de que te secuestren o violen y, además, no tienes que desviarte de tu camino haciendo transbordos/esperando autobuses que no llegan nunca. ¿Inconvenientes? Uno: que hayas bebido/fumado sustancias ilegales/consumido algún tipo de droga que impida la conducción. Un chute de antihistamínicos también vale de ejemplo. Esto es un problema relativamente  gordo, y es que el límite entre estar sobrio (en un sentido mental, de estar bien, ver bien, ser consciente del propio cuerpo y poder controlarlo, vaya) e ir con el puntillo/puesto perdido es muy finito. Y muchos, desgraciadamente no lo controlan aunque crean que sí. No vamos a meternos en las posibles catástrofes derivadas de coger el coche en malas condiciones, pero al agente que te hace el control de alcoholemia/drogas y te pone un multazo seguro que le alegra que tú le pagues la extra de Navidad. Así que, aunque sea solo por eso, esta opción tiene que ser descartada a no ser que haya un conductor sobrio en el entorno, hecho que supone el top y súmmum de las vueltas a casa.

Y hasta aquí las opciones. Espero haberos desesperanzado lo suficiente  como para que la próxima vez que salgáis de fiesta os cuestionéis toda vuestra existencia y os resignéis a cualquiera de las opciones anteriores, aún sabiendo los múltiples inconvenientes derivados de cada una de ellas.

O no.

Coche conducido con el cerebro

Porque desde China nos traen la Opción D (aunque me duele informaros de que esta probablemente no será la alternativa sencilla que esperáis).

  • Opción D: el coche que se conduce sin manos. Sí. Ya me vais pillando. La opción D, coger tu coche/volver en coche de fiesta, es la más apetecible y fiable, pero cuenta con el inconveniente de que te juegas la vida y los puntos del carné. Los hay algunos que, la verdad, delante de las adversidades como que se crecen, y tienen la suerte de librarse de los controles con alguna frase elocuente o alguna otra rareza del destino, pero lo cierto es que la gran mayoría somos propensos a que nos paren conduciendo un coche repleto de gente a las tantas de la madrugada. Más aún si suena algún temazo a toda hostia/lleváis malas pintas/alguno la va liando, en fin, la lista es larga. Como sea, imaginaós ir en este trasto recién inventado en la Universidad de Tianjin, con el que vas conduciendo con el cerebro. Como se diría antaño: problem, agente? El coche en sí se puede conducir desde el asiento trasero: hacia delante, marcha atrás, parar, incluso abrir y cerrar el coche, todo se puede hacer sin ir siquiera sentado en el asiento del conductor y sin usar tus manos. ¿Quién podría multarte por eso? La teoría es que nadie. Y por eso esta sería la mejor opción. Si pudieses comprarlo, claro.

Por el momento, el coche es un experimento compuesto por 16 sensores que capturan los impulsos eléctricos del cerebro a través de EEG (electroencefalogramas). Esas señales se transmiten a un ordenador, que las procesa, reconoce y categoriza interpretando las intenciones de la persona. Después, envía las órdenes al coche.

El coche se conduce con este aparato, que tiene un total de 19 sensores

El coche se conduce con este aparato, que tiene un total de 19 sensores

En cualquier caso probablemente con el cerebro inundado de alcohol no sea muy seguro fiarse de un coche que se controla con el mismo, pero sea como sea, ahí está el avance. Por suerte o por desgracia, parece que el aparatejo no va a estar a la venta en unos cuantos años. Igual así tenemos tiempo para prepararnos para una posible revolución de las máquinas al más puro estilo ‘2001: Una Odisea en el Espacio’. Nunca se sabe.