Logo de The MedizineLogo de The Medizine

Follógrafos: o la violencia estructural en el mundo de la fotografía

Por Margot Rot / 08/05/2018
Follógrafos: o la violencia estructural en el mundo de la fotografía

Una reflexión en torno a la representación del cuerpo de la mujer bajo la mirada de un hombre heterosexual.

Empezar este escrito sin declarar mi rotundo apoyo a todas y cada una de las personas que habéis compartido vuestras experiencias en Internet, ayudando a difundir la conducta repetida de hombres que performan la masculinidad más rancia y que se aprovechan de su condición profesional, no tendría sentido. Por todas vosotras, las que contáis y las que difundís: Gracias.

Gracias a todas las que os habéis pronunciado a pesar de ser constantemente sometidas al juicio de aquellos que aún necesitan pruebas para validar vuestra experiencia sensible, gracias por ser valientes y por destapar algo que lamentablemente no sorprende. Gracias por informarme por stories de lo que está pasando y darnos a todas las fuerzas para hablar y la oportunidad de ser escuchadas.

Gracias a todas las anónimas que habéis compartido vuestras experiencias, y gracias a las que estáis poniendo en práctica que lo personal es político.
Gracias a @margalidamariax .
Gracias a @_moodboo_ .
Gracias a @mami.mer0 ,
y gracias a @Cariatydes porque yo sí te creo,
yo os creo.

Esta mañana me desperté con mensajes de chicas contándome su experiencia con fotógrafos de Asturias y lo primero que hice fue leerlas a todas con el primer café de la mañana y mucha pena, aunque no puedo decir que todo esto me sorprenda porque yo misma lo he vivido y me he considerado una exagerada por reflexionar en torno al «qué puede haber de malo» en que un tío que te quiere hacer fotos demuestre además algún tipo de interés extraprofesional.

A mí también me la han intentado colar con un «me encantaría hacerte fotos» pero «mejor en mi casa».

Sí, amigxs, por muy activista que una sea a mí también me cuesta detectar cuando alguien se está propasando y, de no ser por todos vuestros testimonios, hoy no me sentiría legitima para decir que a mí también me la han intentado colar con un «me encantaría hacerte fotos» pero «mejor en mi casa». Estamos hartas de que los hombres heterazos utilicen la fotografía como pretexto para mantener relaciones sexuales y, aunque lo hemos normalizado, es hora de denunciarlo.

Ni una más os pasamos ya.

Voy a empezar por lo obvio. Lo personal es político quiere decir que tu vida privada y tu trabajo son una y la misma cosa, por mucho que a veces nos empeñemos en separar estos ámbitos para no tener que despreciar a artistas que admiramos. Aceptar el horror del mundo interior del artista expresado en su obra tiene límites. Que el arte sea un espacio de ficción que da pie a la libertad de expresión y a toda posibilidad no quiere decir que sea la ciudad sin ley. El espacio artístico y el espacio de Internet han de ser politizados. Y por ello, también abogo por dejar de decir que separamos política de vida privada, repito, todo es uno y lo mismo.

Hoy nos encontramos con cientos de chicas que cuentan cómo se han propasado con ellas en el ámbito profesional: te ayudo a vestirte, te miro mientras te cambias, te hablo por Instagram aún siendo un completo desconocido para invitarte a mi casa porque todo lo que quiero de ti es sexo, etc, etc, etc.

¿De verdad no veis que los parámetros de poder que constituyen la identidad masculina funcionan en todos los ámbitos? Y, precisamente por ello, no podemos seguir diciendo que separamos lo privado de lo público, porque el fotógrafo que incita a sus modelos a tener sexo es un hombre que performa la masculinidad que nos oprime, es un tío que saldrá a la calle y en sus relaciones privadas no tendrá media puta idea de lo que es el consentimiento sexual. Todo esto es un problema estructural que atañe a los privilegios con los que un señor heterosexual normativo se desenvuelve por la vida.

Te dicen que te quieren hacer fotos y lo único que quieren es follarte y nosotras lo sabemos y lo ignoramos. (…) ¿Qué hay de malo en esto? Se preguntan algunos.

Putos babosos slidin’ in your DMs…

La triste realidad es que qué un tío te hable por mensajes de Instagram con el pretexto de hacerte fotos cuando lo que deja entrever en su actitud es que su único interés es mantener relaciones extraprofesionales contigo es algo que todas, y me incluyo profundamente, hemos llegado a considerar normal.

Te dicen que te quieren hacer fotos y lo único que quieren es follarte y nosotras lo sabemos y lo ignoramos, acostumbradas a que los heterazos nos insistan o muestren este tipo de interés.
¿Qué hay de malo en esto? Se preguntan algunos.

Bien, hablemos de la mirada del artista, partiendo de la premisa en la que consideramos que es inseparable su dinámica privada, personal, de su conducta publica, política. Lo que hay de malo en este tipo de conductas es que delatan que todo lo que un hombre heteronormativo que performa lo masculino ve cuando mira a una mujer es sexo, cuerpo objeto, cuerpo sexualizado y deseo. Así es como nos miran los tíos que se dicen artistas y que dedican toda su obra a retratar la «belleza» de la mujer. Una belleza que solo habla de cuerpos, también normativos, a los que desear o considerar bonitos por su mera sexualización.

Y pasa a todas las escalas, en todas las expresiones artísticas.

¿Esto no es problemático? ¿No es problemático que la masculinidad que preformáis se ejerza a base de violencias y abusos desde vuestra situación de privilegio? Todo el sistema os legitima y os esconde, pero nosotras ya estamos cansadas de hacerlo, de tener miedo de que nos hundáis profesionalmente o de que la sociedad nos culpabilice y nos humille.

¿Acaso retratar la belleza solo dirige a un arte que habla de cuerpos deseables? ¿Cuántas mujeres conocéis que dediquen toda su obra a retratar hombres sexualizados? ¿Y qué hay de la obra de mujeres que retratan a mujeres y de lo último que hablan sus fotografías es de cuerpos que desear sexualmente? ¿Por qué seguimos manteniendo esta idea rancia en la que las mujeres solo valemos para inspirar atracción sexual o romanticismo casposo? ¿Qué dice esto de la fotografía? ¿Qué dice esto de los hombres heteronormativos, fotógrafos, que dedican toda su obra a retratar a mujeres desnudas? ¿Qué dice esto de la masculinidad que proyecta dominación, violencia, poder, abuso..?

¿Por qué si yo me autorretrato desnuda, con intención o sin intención de expresar mi sexualidad, tengo que ser leída como objeto del deseo a merced del placer y disfrute de otros?
¿Por qué si mi obra se dedica a explorar la relación que yo mantengo con mi cuerpo otros solo ven unas tetas a las que dar like?
¿Por qué crees que tienes derecho a responderme a una story solo porque en ella se me ve el cuerpo?
¿Por qué ignoras el resto de mis fotografías y solo te centras en aquellas en las que me puedes sexualizar?
¿Por qué no dejas de ver mi cuerpo como algo que consumir?
¿Por qué no dejas de verme como un objeto de consumo?
¿Por qué te respaldas en tu profesión para acostarte conmigo?

QUE QUÉ COJONES OS PASA POR LA CABEZA. NOS PREGUNTAMOS.

Hace mucho que fijé en la cabecera de mi Twitter «Yo no soy musa, yo soy escritor», porque este debate que recorre las redes hoy sobre la fotografía puede extenderse a todos y cada uno de los ámbitos artísticos. Estoy cansada de que aún funcione esta idea obsoleta de musa a la que jamás se considera artista. Parece que las mujeres solo podemos ser eso bonito que inspiró a otro. La palabra musa arrastra toda una conceptualización estructural que me indigna, en la que prima el vernos como objetos de belleza y no como creadoras de ella o exploradoras de esta. Ya basta el que sigan funcionando parámetros artísticos que lo único que hacen es ejercer y consolidar situaciones de violencia estructural.

Con el tiempo he comprobado que, si yo dedico mi obra a la representación de mi sexualidad, si exploro mi cuerpo a través de la fotografía, si sencillamente disfruto de verme bonita y comparto un nude, soy juzgada, vejada, humillada e incluso acosada por hombres heterosexuales.

Pero ojo, si son ellos los que se dedican a fotografiar a mujeres desnudas no le molesta nadie, y encima su obra es vista con mucha más aceptación que si la que me saco fotos al culo, a las tetas o a la puta cara soy yo. No sé, yo en todo este tema veo lo de siempre: hombres heteronormativos con privilegios; facilidad para el éxito laboral e impunidad a la hora de acosar sexualmente a mis compañeras en sus profesiones.

Claro que sí, guapis, lo estáis haciendo genial.

Estoy harta de que se valide más la obra de hombres que, con su mirada, representan un cuerpo que no conocen y que no tienen interés en conocer. Y digo que no conocen porque todo el imaginario artístico que define el perfil de fotógrafo hetero que dedica toda su obra a exhibir a las modelos como si fuesen trofeos (como bien señala @adri_trimble en sus stories) delata una visión completamente masculina de las mujeres que está basada en una relación de dirección única: aquella en la que él disfruta de nosotras y nos ve como mero objeto de consumo al servicio de una belleza que les beneficia y satisface, una belleza heteronormativa.

Se acabó el tiempo.

Y por eso, invito a repensar los mecanismos de poder que operan en el mundo de la fotografía, y fuera de ella. Se acabó el tiempo para todos aquellos que se creen poderosos por tener seguidores, heterazos a los que hemos hecho poderosos con nuestro apoyo en redes, heterazos que se dicen artistas o profesionales solo porque tienen cierta repercusión y utilizan estas posiciones en las que se creen cools para abusar de nosotras y tratarnos como si solo fuésemos cuerpos que consumir.

Se acabó para @longshoots , se acabó para @naskphoto , se acabó para @elfuckinpablo y su marca @iamsisyphe , se acabó para @yesouhyeah , se acabó para @thisisart__ , se acabó para @yalinkuphotos .

Se acabó para todos aquellos que se aprovechan de su trabajo y de la libertad que ofrece el espacio artístico para propasarse con nosotras, abusar de nosotras, acosarnos, o maltratarnos.


Puede que también te interesen el resto de nuestros artículos de opinión. Date una vuelta por aquí.