Logo de The MedizineLogo de The Medizine

Sobre el caso de George Floyd: ¿quién vigila a los vigilantes?

Por JD Romero / 30/05/2020
Sobre el caso de George Floyd: ¿quién vigila a los vigilantes?

Mi mente no puede evitarlo: cada vez que veo una imagen sobre el triste y lamentable asesinato de George Floyd de manos de la policía, se me viene a la cabeza el graffiti de «Who watches the Watchmen?» («¿Quién vigila a los vigilantes?») de aquella obra maestra llamada «Watchmen» que parieron Alan Moore y Dave Gibbons entre 1986 y 1987.

El vídeo del agente de policía Derek Chauvin con su rodilla puesta en el cuello de Floyd durante casi nueve minutos y otros dos compañeros mirando impasibles demuestra que algo va mal, muy mal. Y lo preocupante es que que no es una cosa, sino demasiadas.

¡Suscríbete a The Medizine TV!

Para empezar, que una persona tenga la necesidad de matar a alguien y recrearse con ello mientras sus compañeros no lo evitan demuestra que muy probablemente los tres agentes tengan una psicopatía: un trastorno de la personalidad en el que no hay emociones como la empatía o el afecto y en el que -en ocasiones- se necesita hacer el mal a los demás para que esa adrenalina del momento les haga sentirse vivos.

Pero, ¿cómo pueden colarse tres posibles psicópatas en la policía cuando se supone que se les hacen pruebas psicológicas para entrar? Y lo que es peor aún, ¿por qué estos patrones se repiten tan a menudo y siempre frente a minorías?

Policía, racismo y tragedias que nunca cesan

El racismo es un modo de expresar superioridad por parte de aquellos que nunca han sentido que tienen valores suficientes para que la sociedad les dé un lugar, un mérito o un status, es decir: las personas sin talento u habilidades.

Con ese complejo de inferioridad, normalmente suelen inventar que otro es menos por cuestión de raza o religión y así difuminar sus heridas, pero eso no es problema de aquel que tiene la piel de otro color, sino un problema que deben auto detectarse y tratarse con un terapeuta.

El problema viene cuando personas de este tipo tienen acceso a ser policías como cualquier otro, y no solo acceso a serlo, sino posibilidades de aprobar.

¡Suscríbete a The Medizine TV!

Decía Will Smith que «el racismo siempre ha estado ahí, la única diferencia es que ahora está siendo grabado».

Smith (un tipo que es de todo menos beligerante) demostraba así su hartazgo con un país que ha esclavizado a los negros, les ha hecho levantar sus edificios, recoger sus frutas y verduras y hacer todos los trabajos que el resto no quería, para que luego una parte de la población caucásica se lo devuelva con brutales asesinatos que recorren el mundo en vídeo.

Quizás no se trata de unos cuantos hombres blancos con psicopatía, sino de una sociedad enferma. Un mundo en el que se criminaliza a a la minoría, al diferente y sobre todo al pobre. Hasta tal punto de que alguien tenga tanto odio, frustración e ira a sus espaldas que sea capaz de estar nueve minutos con la rodilla sobre el cuello de otro ser humano.

¡Suscríbete a The Medizine TV!

Hay cuarenta millones de afroamericanos en Estados Unidos, tipos que se levantan a las cinco de la mañana para que el resto pueda tener un café en su mesa o la nueva reforma de su casa.

Parece que el país de las barras y las estrellas ha utilizado tanto esa técnica del «divide y vencerás» para que no se miren sus problemas reales (sanidad, educación, alimentación, diferencias sociales…) que parte de la población simplemente ha interiorizado esa ira como modus operandi.

¡Suscríbete a The Medizine TV!

Mientras tanto, la oleada de protestas sigue recorriendo en Estados Unidos. Hay todo un nicho de población que se siente aterrorizada cuando ve a aquellos que deben protegerles y eso es que muchas cosas no van bien. Quizás este es el principio del fin de esa violencia con la que parece resolver todos los problemas una parte del país.

Una cosa sí es segura: si la revolución no es televisada (como decía Gil Scott-Heron) quizás sí sea grabada con móviles. ¿Hay una mejor definición de capitalismo?

Rest in power, George.