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“High Flying Bird»: una pequeña obra maestra rodada con un iPhone

Por JD Romero / 07/05/2020
“High Flying Bird»: una pequeña obra maestra rodada con un iPhone

Steven Soderbergh (Atlanta, 1963) es algo así como un culo inquieto del cine.

Desde sus inicios con la interesantísima «Sexo, mentiras y cintas de vídeo» ha seguido mucho más el camino de un cine con cosas qué decir que por el lado más accesible y comercial, encontrando a menudo un punto intermedio con ejemplos como «Traffic», «Erin Brockovich» u «Ocean’s Eleven».

Aunque el realizador es conocido por el gran público debido a esos proyectos más accesibles (aunque no por ello carentes de calidad), no podemos decir que esa sea la guía de estilo de su filmografía (si es que la hubiera). Sin duda alguna el de Atlanta es más dado a experimentar, investigar y juguetear con medios, temas y temáticas, aun tratándose de un director relativamente mainstream.

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Y no hay mayor prueba que «High Flying Bird», producida esta vez por el gigante Netflix. Rodada íntegramente con un iPhone, «High Flying Bird» nos cuenta una historia baloncesto sin que apenas veamos una cancha de basket o un balón botando, mostrando de algún modo -y suponemos era el mayor interés de Soderbergh- que incluso en el deporte lo de menos es el deporte en sí.

La película narra como Dean (interpretado por un más que correcto André Holland) es un agente de la NBA que durante el cierre patronal ve peligrado su status social, laboral y económico. Ve entonces en la figura de un prometedor jugador la forma de elaborar una estrategia para cambiar esa situación, dejando de lado las cuestiones morales y éticas.

«High Flying Bird» renueva nuestra visión del deporte profesional

Lo que escrito puede parecer una película más sobre los entresijos del deporte, en «High Flying Bird» se convierte en una aséptica desmantelación de toda la grandeza que vemos en el deporte. De ese modo, Soderbergh nos muestra una triste realidad que existe tras el espejo en una especie de negocio en el que los afroamericanos trabajan y se llevan los flashes y los blancos se llevan el dinero de verdad.

La película, además de un notable ejercicio cinematográfico, sirve para demostrarnos que se puede rodar un largometraje completo con un iPhone y el espectador -si no es porque ya lo sabíamos- no se daría cuenta de este detalle. Una prueba de que rodar una película es cada vez más sencillo y accesible debido a los avances de la tecnología.

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«High Flying Bird» es uno de los últimos interesantes experimentos de Steven Soderbergh, y sin duda vuelve a aprobar con ello. Un film interesante, complejo y arriesgado en el que si sabes lo que te espera (nada de partidos ni de jugadas de baloncesto) puede resultarte bastante satisfactorio. No es una cinta para todo el mundo, pero sí es una película más que sugestiva sin consigues conectar con ella.

La NBA no son estrellas, pabellones y talento para el deporte, en «High Flying Bird» vemos que esa es la parte de abajo de la pirámide.


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