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Roban la moneda de oro más grande del mundo del Museo Bode de Berlín

Por Erwin Landázuri / 28/03/2017
Roban la moneda de oro más grande del mundo del Museo Bode de Berlín

No cabe en un monedero y mucho menos en un bolsillo, pesa unos cien kilos y hace falta una carretilla para que una sola persona pueda transportarla. Poco han importado estos detalles, pues la moneda de oro más grande del mundo desapareció ayer del Museo Bode de Berlín.

El increíble robo ocurrió la madrugada del lunes sobre las 3:30 A.M., según la primera reconstrucción de los hechos realizada por la policía. La sustracción se descubrió por una escalera de mano hallada fuera del recinto que, presuntamente, los delincuentes habrían usado para entrar al edificio a través de una ventana que da directamente a las vías del tren. Se especula con que los autores del robo serían mínimo dos personas, dadas las dificultades para movilizar el objeto en cuestión.

Las autoridades no han informado sobre si llegaron a sonar las alarmas del museo o los ladrones consiguieron desactivarlas, ni cómo pudieron romper el cristal blindado que protegía la moneda. Lo que sí sabemos es que fue un vigilante quien avisó de que había desaparecido sobre las cuatro de la madrugada y que, a pesar de haber otros objetos de valor, los delincuentes «solo» se llevaron esta exclusiva pieza consigo.

Como comentamos, la peculiar moneda -apodada Big Maple Leaf– tiene un peso de 100 kilos, mide 53 centímetros de diámetro y 3 centímetros de grueso. Su precio nominal es de un millón de dólares canadienses (unos 700.000 euros), pero su valor real al tener una composición del 99,9% de oro puro ronda los 3.7 millones de euros.

Fue acuñada en 2007 por la Real Casa de la Moneda de Canadá en una tirada única compuesta por cinco ejemplares, uno de las cuales acabó en el museo Bode cedido por un mecenas. La pieza fue distinguida en el libro Guinness de los récords de 2008 como la mayor moneda de oro del mundo, un honor por el que habrá que recordarla ya que parece muy complicado que regrese a su lugar original. A no ser, claro, que algún generoso multimillonario compre otro objeto igual y decida exponerlo al mundo entero.