¿Cuál es la película más terrorífica de todos los tiempos?

«La mansión del diablo» («Le Manoir du Diable») de 1896 está considerada la primera película de terror de la historia, o al menos aquella que utiliza el lenguaje y los símbolos más cercanos a como luego se definiría el género. Es por ello que podemos decir que las películas de miedo (como género) son de todo menos algo fresco y actual, y es por lo que muchas veces tenemos la sensación de déjà vu, o de que nos suenan algunos o muchos detalles de lo que nos cuentan.

Hay una serie de clichés que han funcionado históricamente y se han repetido hasta la saciedad.

A lo largo de la historia ha habido ciertas producciones que han destacado por una o varias cosas por encima del resto y se han considerados obras magnas del género. «Psicosis», «El exorcista», «El resplandor», «La semilla del diablo», «Alien», «The Ring» (la original, no el remake estadounidense), «Evil Dead», «La profecía», «Al final de la escalera», «El sexto sentido», «Halloween», «La cosa» o «La matanza de Texas» son sólo algunos ejemplos de maravilloso cine de terror, aunque cada una de esas producciones está englobada a su vez en uno o varios subgéneros.

Bien es cierto (y aunque hay honrosas excepciones cada año), que el cine de terror ha evolucionado a un género mucho más efectista y a la vez menos complejo y profundo. Sobre todo a partir de «La semilla del diablo» de Polanski a finales de los sesenta, el cine de miedo se convirtió en un género que construía sus cimientos poco a poco, desarrollaba a los personajes pausadamente y marcaba su historia con un mimo y cuidado apasionantes.

La función de ese saber hacer en cuanto a la construcción de la historia y todo lo que la rodea es que, luego, el golpe de efecto es mucho más intenso, y además se te queda grabado a fuego en la cabeza durante mucho más tiempo. Empatizar con los personajes y desarrollarlos adecuadamente y hacer lo mismo con la historia y la dirección es al fin y al cabo el 80% de las sensaciones que va a recibir el que paga la entrada.

De un cine complejo y trabajado, a uno mucho más fácil y perezoso

De ese cine del que hablamos construido como un gran puzzle milimétrico hemos pasado al negocio del gran cine comercial para adolescentes, y no nos referimos a cine protagonizado por personas en ese rango de edad, sino a películas enfocadas a público en esa etapa.

Los jumpscares (la cámara se gira y de momento hay un personaje o elemento que no esperabas y está acompañado por una exagerada subida de volumen) han sustituido un desarrollo eficiente del guión, unos personajes bien edificados y una dirección estudiada para dar paso a cuestiones resolutivas más fáciles.

Es por ello que hoy la mayoría de cintas del género nos dan sobresaltos pero no nos dan miedo, entendiendo la palabra por esa sensación de estar indefensos ante lo desconocido, que se te queda dentro por días y no te suelta por mucho que quieras.

Pero no todos son quejas, también hay esperanzas.

Directores como James Wan (de las dos entregas de «Expediente Warren»), David Robert Mitchell («It Follows»), Jordan Peele («Déjame salir»), John Krasinski («Un lugar tranquilo») o Ari Aster («Hereditary») representan toda una generación de cineastas jóvenes que han recuperado el testigo de aquellos maestros del cine y han adaptado el brío y el oficio de los veteranos junto a las ideas frescas de los más nuevos.

Parece que, a pesar de que la mayoría de productos suelen estar vacíos, hay ese halo de ilusión y confianza en una nueva serie de realizadores que -esperamos- vuelvan a poner al género en aquel lugar de donde no debió haber salido. ¿Cuál es entonces la mejor película de terror de todos los tiempos? Suponemos que dependerá de cada espectador.


Si te quedas con ganas de ver una buena película después de esto, no deberías perderte «New Jersey Drive». Todo un clásico.

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