Aquella bendita locura llamada ‘Return To The 36 Chambers: The Dirty Version’

Narraba U-God en su libro autobiográfico ‘Raw’ (‘En carne viva’ en la edición española, del que os dejamos por aquí nuestra review) que Ol’ Dirty Bastard era un loco, un tipo que hacía las cosas sin mucho sentido pero que a la vez era un talento y toda una fuerza de la naturaleza.

Y, a pesar de su sencillez, se me antoja la mejor descripción del más excéntrico miembro de Wu-Tang Clan, un tipo capaz de grabar auténticos temazos, de sacar a la venta un disco como el que hoy nos ocupa y a la vez de drogarse delante de sus hijos (cosa que narra RZA en su libro ‘The Tao of Wu’, que también recomiendo) o de ir a recoger cupones de la beneficiencia en limusina. Y la lista sigue y sigue.

Hoy convertido en leyenda tras su repentino fallecimiento por un paro cardíaco, ODB fue nada más y nada menos que el segundo miembro del clan en sacar álbum en solitario, únicamente precedido por Method Man y su mítico ‘Tical’, cosa que nos hace una idea del status del rapero.

De ese modo, en marzo del 95 (bendito año para el rap) salía su álbum ‘Return To The 36 Chambers: The Dirty Version’ (en claro homenaje al disco debut del grupo), producido en su gran mayoría por un RZA en estado de gracia pero también por los productores satélite de Wu-Tang 4th Disciple y True Master.

La magia de ‘Return to 36 Chambers: The Dirty Version’

Para elevar aun más el listón de la calidad del disco, la mayoría de miembros del grupo aparecen en el LP, costumbre que se ha ido perdiendo con los años dentro de los discos en solitario de miembros de la banda: Masta Killa, Ghostface Killah, Raekwon, Method Man, RZA y GZA están en este ‘Return To The 36 Chambers’ y son la guinda de un pastel a un disco tan maravilloso como hardcore.

El álbum da justo lo que se espera de él: es duro, es callejero, es bizarro, agridulce y tiene la factura del mejor Wu-Tang Clan en él. Las influencias soul y funk que marcaron la infancia de ODB (cuyo nombre real era Russell Tyrone Jones) se mezclan con los beats de la mejor época en la producción de RZA y con letras que tocan sobre todo los temas callejeros, la religión o el sexo de un modo absolutamente explícito.

Como prueba del impacto y la calidad del álbum, decir que fue nominado a mejor disco de rap en los Grammy de 1996. Impensables serían hoy dos cosas: la primera, que un disco así de oscuro y hardcore tuviese la recepción y las ventas de éste, y la segunda, que fuese nominado para esos premios. El disco de debut de Old Dirty Bastard vendió medio millón de copias (disco de oro), fue número 2 en la lista de discos más vendidos de rap y número siete en las lista Billboard global, algo bastante meritorio teniendo en cuenta que el disco es de todo menos comercial.

El secreto de ‘Return To The 36 Chambers: The Dirty Version’ es mostrar al artista tal como era sin intentar edulcorarlo ni domesticarlo. En el larga duración vemos al rapper con todos sus ticks y características rodeado además de un elenco en su mejor momento. El proyecto sigue sonando fresco, espontáneo y duro más de veinte años después y es la máxima prueba del talento de un artista que se une a la lista de los que se fueron demasiado pronto. Shimmy Shimmy ya.


Recientemente también hablamos del ‘Muddy Waters’ de Redman, pásate por aquí para descubrir el porqué.

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