Dando caza a Rosalía: sobre el uso de pieles de animales en la moda

Según las estadísticas más recientes, la industria peletera es la responsable de dar muerte a más de 140 millones de animales salvajes por año. De hecho, esta práctica ha conseguido recientemente que varias especies, como el visón marino, se hayan extinguido por completo.

Y creo que todos lo sabemos: cuando algo así sucede no hay vuelta atrás.

Madre mía, Rosalía, bájale

Hace unos cuantos días Rosalía subía a su cuenta de Instagram tres fotos en las que se podía ver a la cantante con tres modelos del mismo abrigo.

El diseño de este abrigo corresponde a Saks Potts, una popular marca danesa nacida en el 2014. Todo el mundo estaba encantado con Rosalía y sus nuevos modelos hasta que, ¡vaya!, la verdad salió a la luz. Resulta que en Saks Potts han usado pieles de cordero y de zorro ártico -especie que, por cierto, está en peligro de extinción- para diseñar esta prenda.

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Desde la empresa danesa defienden que el empleo de pieles animales es totalmente viable ecológicamente. Según ellos, es un material biodegradable que cuenta una vida útil muy larga. Y si, esto es cierto. Cualquier compuesto animal se degrada a una velocidad de vértigo.

Sin embargo, utilizar este argumento como parapeto es el equivalente en la moda a decir que las corridas de toro son justificables porque después de muerto la carne del animal se aprovecha. Osea, que no vale nada.

No me sirve. Y menos teniendo en cuenta que para conseguir dichas pieles, los animales son criados y asesinados en granjas. Creo que os podéis hacer una imagen mental de lo que esto supone. Pero la cosa no acaba ahí: cuando no son criados en granjas, los animales son cazados mediante trampas no selectivas. Es decir, igual en la trampa cae un zorro ártico como puede caer un ocelote, asesinando no solo a la especie »útil» para los grandes peleteros.

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✨🕊/ Millones ardiendo / Cheques en blanco / subiendo pa’ el cielo y no entrando 🕊✨☁️🕊☁️✨✨✨✨

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Cazando a Rosalía

Por supuesto, cuando salió a la luz que los abrigos furrys de la artista catalana estaban hechos a base de pieles animales la polémica estalló. Miles de comentarios se agolparon, uno tras otro, con el único objetivo de criticar la acción de la cantante de ‘Con Altura’.

Parece que no hay mucho debate sobre »pieles sí o pieles no». La decisión es casi unánime; al menos, masiva. Por una milagrosa vez, gran parte de Internet se puso de acuerdo: matar animales para luego vestirlos es un crimen sin concesiones. No obstante, ahora el debate es otro completamente diferente.

Para empezar ¿sabía Rosalía con qué material estaban hechos sus abrigos? En el caso de que lo supiera ¿era consciente de la repercusión que esas fotos podían llegar a tener? La respuesta, por supuesto, es una incógnita, ya que, como nos tiene acostumbrados cuando una nueva polémica alza el vuelo, Rosalía (aún) no se ha pronunciado y dudo profundamente que lo vaya a hacer.

Teniendo todo esto en cuenta, creo que es interesante que el plantear un conflicto. En esta era donde las redes sociales actúan, no solo como proyector del individuo, si no, también, como espejo donde uno mismo se ve reflejado ¿no deberíamos sentirnos unos completos hipócritas al criticar estas fotos? Al menos así me siento yo.

Las manos que mueven los hilos de una industria enferma

Mientras pensaba sobre como enfocar este artículo, buscaba, desesperadamente, argumentos para criticar y dar caña a Rosalía. Sigo pensando que todo esto, este mundo sin sentido de las pieles de animal, es un completo despropósito, un crimen absoluto, y mucho más aún su exaltación, como el cazador que llega a su casa, tan tranquilo, y cuelga la cabeza del jabalí sobre su butaca, justo encima de la alfombra de tigre.

No tengo ninguna duda de que estos casos hay que denunciarlos, darles voz, hacer que la gente entre en razón, que despierten y activen la conciencia.

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Pero tampoco espero que Rosalía, por vestir pieles animales, no pueda volver a dormir durante el resto de su vida. Vivimos en un mundo de imagen líquida. Igual que las ondas de agua que se crean cuando soltamos una piedra en medio de un estanque, la visión de los demás nos llega caricaturizada.

Y eso es Rosalía, una caricatura. »La copia de otra copia mal copiada» como decía D. Gómez en ‘Pa bravo yo’. La imagen distorsionada de uno mismo se traduce en la imagen distorsionada del mundo y todo lo que en él habita, y viceversa.

Como decía antes, mientras escribo esto me siento un hipócrita. Quizá Rosalía sea la menos culpable -lo cual no le exime de serlo– en todo este asunto, y aquí estoy, enfocándome en ella porque es la cara más visible actualmente.

Critico abiertamente a la cantante catalana, de eso no tengo dudas. Pero el asunto no reside en ella. Reside en las personas que no vemos, en esa masa anónima que mueve los hilos de una industria vomitiva y que, a su vez, mueve también los de sus consumidores. Tenemos culpados y culpables, pero los responsable continuarán siendo invisible.

En resumen: sí, Rosalía, la has cagado hasta el fondo. Pero solo eres un eslabón más de una cadena interminable. Uno muy -muy- influyente, y esta influencia termina creando más culpables. Eso sí, aunque Rosalía sea el rostro más popular que, recientemente, ha apoyado (nunca sabremos si de forma consciente) algo atroz, no es la única. A todos nos corresponde un pedacito de la culpa.


Otra polémica reciente pero mucho más divertida fue la de la foto de Snoop Dogg y Kurt Cobain. ¿Sabes de lo que hablamos?

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