Es hora de que hablemos de ese tipo llamado Seth Rogen

Aunque la mayoría del público lo conoce por ser una de las caras más conocidas del cine accesible y comercial, lo cierto es que Seth Rogen (Vancouver, 1982) fue un monologuista de relativo éxito durante toda su adolescencia hasta que fue fichado por la hoy serie de culto «Freaks and Geeks».

Y, como no hay mal que por bien no venga tras la cancelación temprana de la serie fue contratado aparecer (y escribir) «Undeclared», otro proyecto que corrió aun menos suerte, pero su nombre empezaba a ser conocido en el sector.

Su mayor reconocimiento como escritor vino poco después en «Da Ali G Show», aunque seguramente ni el propio Rogen se imaginaría en aquel punto lo que su carrera le iba a deparar.

Fue el productor, director y guionista Judd Apatow el primero en darle un papel relevante en la gran pantalla (aunque había aparecido brevemente en la mágica y misteriosa «Donnie Darko»), y lo hizo en la exitosa comedia «Virgen a los cuarenta».

El resto de su carrera fue tan rápida y meteórica que el tipo pasó de ser un escritor con ciertas aspiraciones actorales a ser uno de los nombres propios más frescos y rompedores de toda una industria inmensa.

Del guión y los monólogos al estrellato

Su exitoso papel en «Lío embarazoso» (2007) junto a Katherine Heigl, Paul Rudd y Johan Hill fue justo lo que necesitaba para recibir un voto de confianza y llevar adelante una historia relativamente autobiográfica que acabó siendo la exitosa «Supersalidos» (escrita junto a su habitual Evan Goldberg) que significó el asentamiento definitivo de Rogen como talento capaz de generar millones.

Los siguientes años no hicieron sino convertirlo en la estrella que hoy conocemos entre papeles protagonistas, secundarios y cameos: «Hermanos por pelotas», «Superfumados», «¿Hacemos una porno?», «Cuerpos de seguridad», «Hazme reir», «Juerga hasta el fin» y un sinfín de cintas de humor que tuvieron su súmmum profesional como secundario en esa pequeña obra maestra llamada «Steve Jobs», en 2015.

Pero, ¿por qué congenia tan bien Seth Rogen con la mayoría del público? Quizás porque cubre un hueco necesario.

Rogen representa al tipo cotidiano de casi cuarenta años que sueña con salir con una chica más guapa que él, fan de los cómics, de Wu-Tang Clan, del cine de los ochenta y de los deportes.

Es decir: lo que viene a ser una grandísima parte de toda una generación a la que Hollywod había ignorado prácticamente. «The Big Bang Theory» (si lo estáis pensando) no cuenta, porque se trata de perfiles demasiado amplificados y caricaturizados.

La gracia de ser normal

Una inmensa parte del mundo, cuando ve a Rogen se ve a sí mismo como ser humano imperfecto, inmerso en la cultura pop y con su inteligencia media y chispa como mayor instrumento para conseguir sus objetivos.

Nada de músculos, de cientos de tatuajes, de medir uno noventa y de tener una barba perfectamente perfilada: Seth Rogen eres tú o tu vecino y puede que no seas Henry Cavill, pero también eres mucho más interesante.

El canadiense ha convertido lo cotidiano y el normcore (y su talento, no nos olvidemos) en un espejo en el que por fin muchas personas ven a un igual en la gran pantalla. Con sus decepciones amorosas, sus cigarros de hierba, sus referencias al ‘Liquid Swords’ de GZA y a Todd MacFarlane, Rogen es ese Kevin Smith menos sobreactuado que ha convertido el ser como tú en un cheque en blanco en Hollywood.


Nada que ver con Seth Rogen, pero si te has perdido el lanzamiento del último álbum de Kanye West, tienes que escucharlo ya de ya.

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