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Nos despedimos de Stan Lee recordando por qué su legado es tan importante

Decía Tom Stoppard que si dejas a la infancia ir siempre contigo, nunca envejecerás, y esa puede ser una de las cientos de claves por la que ha sido tan emocional darle un adiós a Stan Lee por parte de miles o millones de personas de todo el mundo.

Si hacemos una vista superficial de la importancia de su trayectoria, veremos que las adaptaciones de Marvel al cine -aparte de suponer el plan más ambicioso de la historia del séptimo arte en términos de planificación y estrategia a largo plazo- son sólo la punta del iceberg de un universo mucho más rico y profundo que esas películas.

Las apariciones en “The Big Bang Theory” y las muchísimas referencias en absolutamente cualquier cosa que huela a cultura popular, incluyendo a Ghostface Killah aka IronMan (Wu-Tang clan), ‘Superheroes’ de Chief Keef con A$AP Rocky, MF Doom, ‘Raise the roof’ de Public Enemy y sus menciones a Thor…

Todo esto entre miles de citas que el mundo de la cultura urbana ha hecho a las creaciones de Stan Lee y, por extensión, al mundo del cómic y que darían para un extensísimo artículo por sí mismo.

Stan Lee, el creador de la mayoría de héroes de tu infancia

Pero para saber la importancia de Lee en la historia de eso que hemos mencionado llamado cultura popular, tenemos que remontarnos a los años sesenta, una época en que la industria del cómic -tras un boom inicial- se había venido tan a menos que era prácticamente una vergüenza decir que te dedicabas al sector. Fue en aquellos momentos -y gracias al empujón de su esposa, una constante en su carrera- cuando Stan Lee creó “Los cuatro fantásticos”, revolucionando la historia del género.

Tenía unos matices mucho más profundos y complejos que lo que había hasta la época y que incluían frustraciones, inseguridades, conflictos interiores y unas capas que antes no se conocían en el medio. Gracias al superventas que supuso esa línea de cómics pudieron ver la luz Spider-Man, Thor, Hulk, Los vengadores, Black Panther, Iron-Man, Daredevil o los X-Men, todos creaciones de Lee. La historia se había materializado.

Stan Lee (cuyo nombre real era Stanley Martin Lieber) sabía que la mayor revolución es la contrarrevolución y, en plena década de los setenta, con una aversión total al conflicto bélico que había sucedido en Vietnam, creó a Tony Stark aka Iron-Man, un ingeniero heredero de una empresa armamentística y le dio tantos matices que fue otro súper ventas (incluso a día de hoy es uno de los personajes más populares de Marvel) con unas características personales absolutamente contrarias a lo que la gente esperaba.

Y algo similar hizo algo antes con Black Panther en una época donde el racismo estaba absolutamente instaurado en la sociedad. Lee creo un héroe negro que -para más inri- venía de una potencia tecnológica oculta llamada Wakanda, convirtiendo a Black Panther en el primer superhéroe de raza negra, por delante de Luke Cage y muchos otros. La historia de Spider-Man y muchos otros es de sobra conocida.

El genio que les devolvió la humanidad a los superhéroes

Y es que la magia de Lee estaba mucho más allá de ser un magnífico escritor (que no lo era) porque su mayor virtud era la de dar carácter humano a unos personajes encorsetados y convertir esos defectos y problemas de la gente cotidiana en viñetas. La gente se identificaba con sus problemas (Tony Stark tiene problemas con el alcohol, Peter Parker no puede pagar el alquiler, etcétera) y les importaba tanto o más que la acción que transcurría con el héroe ya encapuchado. Una serie de detalles hoy aceptados en el sector que fueron instaurados por Lee, que además supo rodearse de auténticos genios que merecen mucho más reconocimiento, como Jack Kirby.

Pero es que aparte del talento nato de Lee para crear y desarrollar personajes e historias estaba la magia de su persona. Un tipo sencillo y carismático que no dudaba en ir a convenciones a firmar autógrafos, aparecer en las películas de sus personajes -hoy ya todo un clásico que echaremos de menos- o en acudir a photocalls cuando en realidad hacía años que no le hacía falta económicamente. Ese carisma nato de un tipo con peluquín que se acabó convirtiendo en el abuelo que todos queríamos tener y que hace poco nos ha dejado.

Y mucho más allá de su huella en la cultura, su influencia económica es casi inalcanzable. Nos es prácticamente imposible salir a la calle y andar unos metros sin ver cualquiera de los personajes creados por este señor en cualquier forma: camisetas, pósters, mochilas, cómic, cereales, chocolatinas… De manera que, si intentáramos calcular el impacto económico global directo e indirecto fruto de la imaginación de este señor, nos podría explotar la cabeza.

Mucho más allá del vil metal, el bueno de Stan Lee nos enseñó que leer podía ser lo más, que uno puede hacer sus sueños realidad aunque el mundo -literalmente- esté en contra, y que podíamos ir al cine a recuperar esa magia que parecíamos haber perdido al hacernos mayores, y todo eso es mucho más que los puestos de trabajo que ha creado por extensión en todo el mundo.

Por esas y mil razones más: muchas gracias Stan y hasta siempre.


Ojalá sortear algo de Marvel, pero de momento sigue siendo posible que tú -sí, tú- seas el/la ganadorx de la camiseta Supreme x NBA x Nike que vamos a regalar. ¿Te animas a intentarlo?

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