Sobre el Sunday Service y lo que se logra al conectar con el público

Kanye West nos brindó un espectáculo memorable en su Sunday Service en Coahella. La emoción que se creó en ese momento fue tal que hasta el mismo Ye acabó llorando.

Pasados unos día y ya habiendo digerido todo lo que sucedió en tierras californianas, me gustaría reflexionar sobre lo que generó el show, y lo que podemos aprender de él.

Jesus Walks a golpe de gospel

El momento clave del servicio dominical sin duda fue Jesus Walks’, quizá el tema más revelador a nivel espiritual y más disruptivo de la carrera de Kanye. La mayoría estalló de júbilo cuando el coro de gospel cantó:

boom boom boom bo bo boom boom boom

Y cuando sonaron las voces agudas femeninas al unísono, se formó una bonita atmósfera, que se volvió aún más grande cuando Ye empezó a rapear.

Cuando estaba viéndolo en directo, el show me llevó a una conclusión: para dar una performance memorable, no necesitas ni ser el mejor intérprete, ni clavar todas las notas en su sitio siempre, ni seguir tu tracklist a la perfección.

Lo más importante por encima de todo es crear un vínculo con la multitud a la que estás expuesto, y hay algo que guarda una estrecha relación con dicha unión: el ego.

Seguro que si hurgáis en vuestra memoria os acordaréis de alguna actuación en la que el artista está cantando sin ganas enfrente de una masa adormecida. Aburrido, ¿cierto?

En el Sunday Service, Kanye demostró ser un artista sin igual porque se desprendió de su ego y dio un espectáculo para el público, dejando de lado los aires de grandeza que tanto le han pesado en los últimos años. Y es que ahí está el quid de la cuestión: cualquier músico se hace grande porque el público quiere que así sea y por tanto, duela mas o menos, el artista se debe al público.

Y no digo que la fórmula de Ye sea la única que funciona. De hecho, hoy en día podemos encontrar múltiples ejemplos, aunque voy a quedarme con dos en concreto para analizar esto a fondo.

BTS y Travis Scott, genios de los shows en vivo

Puede que hayáis escuchado su nombre, pero sino aquí os los presento, son la mayor sensación del K-pop a nivel mundial y se llaman BTS:

En la actuación no cantan en directo, ni tampoco tienen unas voces espectaculares, pero mediante la unión de su música y la coreografía que interpretan saben cómo crear un vínculo muy fuerte con el público, que les ha llevado a acumular uno de los fandoms más potentes del mundo entero.

Y la verdad es que gran parte de sus seguidores no entienden ni una quinta parte de lo que dicen, pero con lo que les transmiten es más que suficiente.

Por otro lado, me gustaría hacer índole en Travis Scott. Sus shows son una auténtica locura, y seguramente son la representación más clara y salvaje de esta teoría:

Travis Scott es un artista como la copa de un pino, pero cuando está en directo, se convierte en un entertainer en toda regla, y es por sus shows en gran parte que se ha ganado el nombre que tiene en el mundo del hip hop.

Reventando el auto-tune y rompiendo con los moldes de lo que debería ser una interpretación al uso, el Tejano consigue generar goosebumps en toda la multitud, que salta al unísono ante sus viajes psicodélicos.

En resumen, la música es un juego de energías, y si no consigues transmitírsela a tu público, estás fuera del juego.  Por cierto, lo que pasó en Coachella pudo ser un preludio de lo que vendrá con ‘Yhandi’, así que tenemos Kanye espiritual para rato.


Hablando de conexiones, la que consiguió Nas con el mundo gracias a ‘Illmatic’ hace 25 años. Repasa con nosotros esta joya del rap clásico.

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