Cinco razones para volver a ver «Uno de los nuestros»

Aunque últimamente ha sido objeto de críticas por parte del nicho más iracundo de Internet (el fandom), lo cierto es que Martin Scorsese (Nueva York, 1942) es uno de los directores más importantes y efectivos de la historia del séptimo arte. Y creo que -casi- todos estaremos de acuerdo en eso.

Su talento natural para dirigir casi de todo, pero especialmente cierto tipo de historias (que suponemos conoció en su niñez) lo han situado en un podio del que poca gente -de cualquier generación- parece poder bajarlo. Y lo curioso es que, a pesar de su edad, el tipo está en plena forma, y la mayor prueba es esa obra maestra llamada «El irlandés», en la que hace una especie de repaso a lo mejor de su carrera.

Y una de los mejores largometrajes de su extensa y magnífica filmografía es «Uno de los nuestros» (1990), una cinta sobre cómo un niño idealiza a los gángsters de su barrio hasta tal punto de imitarlos y querer trabajar para ellos. El crío crecerá, lo aceptarán y verá cómo ni todo era tan sencillo ni tan bonito como lo veía desde fuera.

Ha llovido mucho desde el estreno y por eso ha llegado la hora de juzgarla con la perspectiva del tiempo. Y lo cierto es que la cinta sigue siendo tan buena que no podemos sino destacar cinco razones (podrían ser muchas más) para que vuelvas a verla en cuanto puedas. Ver otra vez «Uno de los nuestros» siempre es una decisión acertada.

1. La inmejorable dirección de Scorsese

Travellings, steady cam, planos secuencia… Martin Scorsese puso todos sus recursos y la carne en el asador para transmitir cada escena de la mejor manera posible.

Lo bueno del neoyorkino es que no lo hace de manera ostentosa o fuera de lugar, cada toma es la ideal para cada momento y el resultado es el de una obra maestra.

2. La puesta en escena

Las calles y callejones, las casas de los italoamericanos, los platos de spaghetti con albóndigas, los bares de mala muerte, los restaurantes, las ropas o los coches.

Todo es perfecto y creíble para la historia que se quiere contar y nos sumergimos en ella y nos la creemos como si nos pasara a nosotros mismos.

3. Los diálogos y el timing

Todo el mundo recuerda el diálogo de Joe Pesci a Ray Liotta sobre si le parece gracioso o no, pero el resto de los diálogos no desmerecen en absoluto.

Cada personaje se comunica de los demás de una manera tan concreta, definida y evolutiva que es otro de los maravillosos puntos a favor del film.

4. Un reparto histórico

Ray Liotta, Robert De Niro, Joe Pesci, Lorraine Bracco, Paul Sorvino o Frank Vincent son algunos de los nombres propios que vemos en la cinta.

Tipos tan efectivos y tan en estado de gracia que los vimos repetir estos papeles una y otra vez después.

5. Conocer cómo funciona la mafia

La estructura de un grupo mafioso desde dentro. No solo en organización, sino también cómo actúan cuando uno (aunque se traten superficialmente como hermanos) les sobra y hay que quitárselo de encima.

Todo es magnífico en esta película.


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