Vuelve «Bojack Horseman», vuelve la genialidad a Netflix

Cuando nos dispusimos a ver la primera temporada de «Bojack Horseman» en Netflix nos quedamos un poco descolocados. Una serie de animación sobre animales antropomorfos cuyo humor no era el usual y que, además de no ser la típica serie gamberra que nos esperábamos (que lo era, pero sólo en parte,) resultaba ser tan crítica y tan ácida que casi dolía por momentos.

Y es que tras «Bojack Horseman» hay mucho más que humor, alcohol, drogas y desfases.

Lo que desde fuera es el día a día de una estrella de una sitcom de los noventa presenta todo un abanico de críticas a las élites de Hollywood, al capitalismo, a la superficialidad de las redes sociales y apps y un poco al sinsentido de las vidas de las celebrities y a todos/as nosotros/as que imitamos sus conductas.

Una serie de humor con un trasfondo inmenso

Así que una serie cuyos capítulos se consumen con facilidad y cuyas historias son amenas acaban dejando un poco mucho más de poso y nos da mucho más que pensar. Porque a pesar del envoltorio, «Bojack Horseman» utiliza el fácil canal del humor para golpearnos con ideas mucho más importantes, y a través del eterno vacío de su protagonista nos tocan a todos de una manera o de otra y de manera honesta, sincera, clara e inteligente.

Referencias culturales (con nombre cambiados a cuestiones de animales), humor agridulce, cuestionamientos sobre cosas que damos por hechas… «Bojack Horseman» es el divertimento más completo y perfecto de la actualidad, y cuando salió la temporada seis no podíamos sino ponernos a verla y digerirla casi como un adicto cuando recibe la ración de su camello.

Y esta nueva temporada no solo da el nivel esperado, sino que va un pasito más allá en una serie cuyos planteamientos son mucho más complejos de lo que parecen desde fuera.

Como ya venía pasando en las últimas temporadas, el humor sigue estando ahí pero «Bojack» (como serie) cada vez se aleja más de él para centrarse en cuestiones mucho más importantes y dolorosas, hasta el punto que la serie es (si queremos atender a todas sus lecturas) un exorcismo de lo peor de nuestra sociedad y sus juguetes rotos. La sexta temporada de nuestra serie de animación favorita es todo un must.

Va mucho más allá del nivel (altísimo) que ya tenía anteriormente y avanza a pasos tan agigantados que acabará teniendo la etiqueta de obra maestra. El tiempo le dará un sitio que parece ganarse absolutamente. Tuvo que venir un caballo a explicarnos cómo funcionan los humanos.


Lo que también parece de serie es la historia de estas dos chicas a las que han vetado de por vida en los partidos de béisbol por enseñar las tetas.

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