Por el buen cine: es hora de reivindicar «Black Snake Moan»

Mal que nos pese, la industria del cine funciona como cualquier otra empresa. Normalmente una productora (o un productor individual) pone un dinero para una idea y quiere que esa cantidad venga de vuelta multiplicada por la mayoría de dígitos posible.

Es por ello que la mayoría de lo que vemos en el cine son remakes, refritos, reciclajes y licencias, es decir: un modo fácil de atraer a la gente con el mínimo riesgo. El cine es arte, sí, y vemos grandísimas cintas estrenarse cada año (y el pasado 2019 fue muy bueno para el cine de calidad), pero si eres un tipo que va a poner su propio dinero como inversión es normal que se tienda a ir a lo fácil.

Un drama notable tiene posibilidades de ser un éxito, pero si haces una de superhéroes, acción o de ciencia ficción te aseguras el triple de impacto en Internet y eso te acerca más a la recuperación de la inversión.

«Black Snake Moan»: polémica, compleja y con un gran resultado

Uno de esos «bichos raros» del cine es una pequeña joya infravalorada llamada «Black Snake Moan», dirigida por Craig Bewer en 2006. Una historia tan interesante y auténtica como difícil de vender a un productor o a incluso a una distribuidora de cine. Ahí es donde llama la atención, entre otras muchas cuestiones.

Y es que la cinta nos narra cómo un músico de blues de tercera (interpretado magistralmente por el siempre eficiente Samuel L. Jackson) rescata a una joven ninfómana (Christina Ricci) y la ata con unas cadenas en su propia casa para evitar que siga haciendo de las suyas.

Comienzan de ese modo una convivencia entre un tipo conservador y religioso y una joven exuberante con un insaciable deseo sexual. Todo se complicará con la llegada del ex de la joven, interpretado por Justin Timberlake, suponemos que elegido para hacer de una cinta tan a priori compleja algo más accesible y fácil.

«Black Snake Moan» es tan sencilla como hipnótica. Uno de esos casos de cine auténtico y con pocos personajes en que la América profunda, los campos, el blues, los cigarrillos y el licor barato hacen también de protagonistas. El duelo entre Jackson y Ricci y sus diferencias son el peso de una película que baja en los (pocos) momentos en que no están en pantalla.

Hay momentos en que uno busca adrenalina frente a la televisión, pero otras necesita un ejercicio de cine más veraz y apegado a lo más profundo del ser humano. Un séptimo arte más genuino y basado en los diálogos, las actuaciones y en un entorno concreto. Es ahí donde entra «Black Snake Moan», un experimento exitoso en resultados artísticos y muy probablemente parte de un cine extinto.


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