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Historia del Graffiti (Parte 2): sentando las bases del graffiti moderno

Por Juan Villain / 18/07/2020
Historia del Graffiti (Parte 2): sentando las bases del graffiti moderno

Si pretendemos hacer un repaso, más o menos rápido, a la historia del graffiti moderno es imposible no nombrar a Cornbread. En la década de los 60s, en la ciudad de Philadelphia, Cornbread, junto a otros como The Gasek, fue el encargado de popularizar el graffiti.

Muchos le consideran el primer «tagger» de la historia. Su ambición por reproducir su a.k.a en tantos lugares de la ciudad como pudiera, le convirtieron en un ejemplo a seguir por muchos jóvenes. La idea era pintar con spray tu nombre la mayor cantidad de veces posibles, y cada vez en sitios más inverosímiles.

Pero, ¿por qué Cornbread comenzó a dejar su tag por todas las esquinas de Philadelphia?

Repasando la historia del graffiti: «Cornbread loves Cynthia»

Como muchas grandes historias, la de Cornbread comenzó intentando conquistar un amor imposible. En este caso, ese «amor imposible» respondía al nombre de Cynthia Custuss, una compañera de clase en la escuela secundaria.

Para llamar su atención, Cornbread comenzó a pintar «Cornbread loves Cynthia» por todas las paredes posibles del instituto y del norte de la ciudad. Y, al parecer, la cosa funcionó. Tanto es así, que se dice que estuvieron saliendo juntos hasta que Cynthia se tuvo que mudar a otra lejana ciudad.

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Había conseguido la atención de la chica, pero eso no era suficiente para el joven graffitero: ahora necesitaba la atención de toda Philadelphia. Quería que toda la ciudad conociese su nombre, hacer saber a todos sus habitantes que no había pared en cualquier barrio que escapara de su territorio.

Pronto, sus audacias (como pintar en el lomo de un elefante, algo que le llevaría a ser detenido) le proporcionarían el ansia de reconocimiento que tenía. Este hecho da el pistoletazo de salida al graffiti moderno, después de que muchos jóvenes quisieran alcanzar las proezas de Cornbread.

Una historia del subsuelo

Como muchos jóvenes extranjeros de Nueva York, Demetrius, de nacionalidad griega, tenía un trabajo precario. Era mensajero, lo cual significaba que tenía que recorrer la ciudad de punta a punta varias veces al día, y el transporte perfecto para aquello, sin duda, era el metro.

Es en estas largas distancias en metro cuando Demetrius comenzaría a pintar su nombre en todos los vagones posibles. Bueno, no su nombre real, sino su seudónimo Taki 183 (el número hace referencia a la calle donde vivía).

Como era de esperar en un mundo donde algo así era todavía impensable, la omnipresencia de Taki 183 en el metro de Nueva York dio lugar a muchas teorías. De repente, la identidad de la persona detrás de aquel tag se había convertido en uno los temas de conversación favoritos de los neoyorquinos.

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Esta fiebre llevó a un reportero del New York Times a realizar un reportaje cuyo objetivo era la búsqueda de Taki 183. Por supuesto, el periodista encontró al «tagger», quien, sin muchos problemas, concedió una extensa entrevista al periódico.

Esta entrevista caló de forma penetrante en el mundillo artístico-callejero de la ciudad, y prontamente las calles de Nueva York se inundaron de cientos de tags diferentes, pero todos con una cosa en común: el número de su calle detrás del nombre.

De esta forma, las bases del graffiti moderno estaban sentadas, y lo que comenzó como un simple juego en las calles de Philadelphia y Nueva York, cobraría rápidamente una dimensión que hubiera sido imposible de imaginar unos años atrás.


Si quieres leer la primera parte de nuestra historia del graffiti, puedes hacerlo aquí.