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Un repaso a la evolución de la influencia de la cultura urbana: antes y ahora

Por JD Romero / 01/07/2020
Un repaso a la evolución de la influencia de la cultura urbana: antes y ahora

Cuando hablamos de música urbana en general suele haber dos posturas. Una que defiende la música actual; más melódica, sencilla y puede que más lúdica (aunque hay una gran parte de tristeza y desmotivación en ella) y una segunda que defiende que en los 90s o comienzos del 2000 había más mensaje , concienciación y un mensaje social más claro.

Obviamente, ni unos ni otros tienen razón, y es que puesto que hablamos de gustos y pareceres, probablemente ambas posturas sean correctas.

Aunque el rap nació a finales de los setenta en Nueva York (como algo plenamente festivo), fue con su desarrollo en la primera mitad de los noventa cuando tomó un cáliz pulido, definido y cuando se viralizó mundialmente, ayudado por una estética que se consideraba tan subversiva como cool. Los samples loopeados, los bombos, las cajas y los bajos definidos eran el estandarte de un sonido agresivo, auténtico y muy pegado a la calle que a su vez exhibía las joyas y un estilo de vida ostentoso.

El rap, el trap y su calado en la cultura de masas

Ese compendio llevó al rap (o al hip hop como movimiento) a ser algo global y aceptado. Por un lado tenía su parte más festiva, por otro el lado más social (que se apoyaba maravillosamente bien en la fuerza de las percusiones) y por otro las ramificaciones y mezclas naturales con el R&B o el reggae.

Muchísima gente de todo el mundo lo aceptó así y se sintieron cómodos con un sonido que poco a poco fue evolucionando, primero hacia algo más club y también con las influencias del sur de Estados Unidos y las cajas más digitales y los sonidos minimalistas y pseudoelectrónicos.

Sea como sea, lo que llamábamos «música urbana» (aunque pueda ser un término reduccionista) acabó siendo visto por la mayoría como el trap, el reggaeton y el rap, formando algunas veces casi un todo indivisible (por mucho que sean cosas bien diferentes) por la masa. Los tres géneros se retroalimentan y toman prestadas cuestiones musicales (y estéticas) de un lado y otro, hasta formar esa percepción de que casi es una cosa estética más que musical. Es así concebido injustamente.

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Lo cierto es que en los ochenta, noventa y primeros años 2000, la gente que escuchaba rap era casi únicamente los que formaban parte de la llamada «tribu urbana» (término que suena bastante a manido), mientras que para el resto era algo que sonaba a lejano y casi a impostado. Con los años, el público fue ampliándose y empezó a ser un género aceptado y oído por muchos, sin necesidad de formar parte del movimiento (por decirlo de algún modo) y que culminó con la llegada del trap.

Nos guste o no, el trap es una música aceptada y consumida por el grueso de la población mundial, sin necesidad de que su escucha vaya unida a un combativo, social e igualitario pensar, como sí pasaba en el rap: ya no hace falta pertenencia de grupo. Eso ha hecho que hoy la música urbana sea más grande y esté más asentada que nunca, pero también en base a ser más accesible.

Podríamos decir que está mucho más expandida, pero quizás su alma está más diluida o difuminada.

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Puede decirse que hoy la música urbana está más presente, pero también que para lograrlo ha debido moderar su lenguaje y adaptarse a una sociedad de consumo rápido en base a los hábitos que hemos adquirido mediante las redes sociales. Quizás hoy es más latente, pero también es todo más ligero y efímero, entonces ¿es mejor cantidad o calidad? y ¿es realmente esa la reflexión y la conclusión que hay que sacar?

La respuesta está en cada uno.


Si lo tuyo es el rap clásico y en mayúsculas te gustará leer nuestro «Quién es» sobre Ghostface Killah.