¿Debe Kanye West volver a la música que hacía en sus inicios?

Aunque a día de hoy sus llamativas decisiones (como la de apoyar a Donald Trump públicamente) y su matrimonio con la mujer favorita de la prensa de corazón (y las redes sociales) en el mundo han nublado nuestra percepción sobre él, lo cierto es que Kanye West es un tipo con un talento abrumador, sobre todo como productor.

Cuando Kanye llegó a la industria y produjo algunos de los mejores tracks de ‘The Blueprint’ en 2001 (aunque ya había producido grandes cosas para otros artistas algo menores), el mundo enteró se paró a preguntarse quién era este tipo y de dónde había salido.

Un chaval con polos Ralph Lauren, sin pantalones baggies y siempre con su mochila que parecía más un nerd aficionado a los cómics y al cine de ciencia ficción que a quien acabaría produciendo a los mejores artistas del mundo, de dentro y fuera del rap. Aunque en realidad era un poco las dos cosas.

Kanye llegó a la escena dejando a todo el mundo desubicado

Cuando parecía que todo estaba dicho a nivel de producciones, Kanye llegó sin hacer grandes cambios pero mejorando lo que había. Se centró (sobre todo) en deconstruir canciones no muy conocidas de soul, gospel y funk (aunque algunas si eran hits, como sus samples a los Jackson Five) hasta entregar una nueva melodía con unos cimientos magistrales de instrumentación.

A eso añadía instrumentos reales, samples y una correctísima construcción de la percusión, lo que sumado a unos bajos magistrales daban lugar a unas bases llamativas, inmejorables y con sentimiento, mucho sentimiento.

Pero más que un productor, Kanye es (aunque eso lo descubrimos luego) un artista ecléctico y consumado. Y cuando el de Chicago había producido a los mejores rappers del mundo y a los grandes iconos del pop o el rythm and blues, empezó a investigar y transitar por nuevos caminos.

Su éxito mundial con YEEZY no hizo sino darle seguridad para probar más y más cosas, lo que -como era de esperar- acabó llevándolo también a moverse musicalmente.

Kanye West fue evolucionando y también lo hizo su música

Y sobre todo lo notamos tras esa obra maestra llamada ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’.

Después de aquel histórico álbum, el productor y rapero empezó a moverse a lugares más modernos, introspectivos, minimalistas y también -y esto es muy personal- más insatisfactorios.

West no se conformaba con quedarse en una zona de confort, y sobre todo no quería ser considerado vieja escuela, con lo que empezó a evolucionar. Seguramente con ello ha conectado con las nuevas generaciones, pero también ha perdido a gran parte de sus fans de un rap más basado en samples, bombos y cajas de ritmo.

Está claro que un verdadero artista (y estamos en uno de esos casos) no puede quedarse parado y hacer siempre lo mismo, y ni siquiera sabemos objetivamente (subjetivamente lo tenemos claro) cuándo ha hecho mejor música.

Aún así, seguimos esperando que el artista un día vuelva a sus raíces, coja un sample de 1972, lo recorte, lo reordene, le meta unos timbales, unos buenos bajos y vuelva a salvar el rap, tal como hizo en 2001. Soñar es gratis y de eso vive el hombre.


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