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«Ghostbusters: Afterlife», cuando el cine comercial puede ser de calidad

Por JD Romero / 23/11/2021
«Ghostbusters: Afterlife», cuando el cine comercial puede ser de calidad

Aunque es un tópico -que no siempre se cumple aquello- de «segundas partes nunca fueron buenas», lo que sí suele suceder es que los remakes, reboots y las readaptaciones suelen dejar bastante que desear. Aunque hay contadas excepciones, normalmente se tiende a un exceso de comercialidad y a hacer demasiado accesible un producto que funcionaba en su multidimensionalidad.

Eso quizás prueba que vamos para atrás, que cada vez tendemos a funcionar más con el modo automático y con el cerebro apagado. O quizás estoy cayendo de nuevo en eso tan manido de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cosa que puede ser cierta o no.

«Ghostbusters: Afterlife» no solo es uno de los pocos ejemplos de dignísima continuación (y reinicio) de la película de 1984, sino que significa una absolutamente maravillosa película para todos los públicos. Es divertida, es ágil, es inteligente, no es pretenciosa, está llena de guiños a la original y funciona a la perfección para niños y adultos.

¿Quién dijo que ya no se hacía buen cine comercial?

Dirigida por Jason Reitman (exacto, el hijo del realizador de la original), la cinta cuenta como la hija de Egon Spengler (uno de los cazafantasmas originales) se dirige junto a sus hijos a la granja en la que su padre pasó sus últimos días.

Por supuesto, allí los nietos del científico conocerán a nuevos amigos y un misterio que deberán descubrir.

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Al igual que en el largometraje original (esta película ignora la versión femenina que se rodó en 2016) se repiten las notas musicales, el vehículo original y hay sorpresas y nostalgia para los fans de las dos primeras. Además, recupera ese espíritu ochentero de la primera cinta, de «Los Goonies» y de tantas otras que hemos visto homenajeadas en productos como «Stranger Things» de Netflix.

Porque «Ghostbusters: Afterlife» es la prueba de que se sigue haciendo buen cine, que se pueden hacer blockbusters notables respetando a todos y tratando al espectador como un ser inteligente, y que ser un niño (aunque es una película con diferentes lecturas) no va de la mano con productos de usar y tirar.

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Por si fuese poco, los mayores seguidores de las dos películas originales acabarán soltando una lagrimita al final.

Sí, hay esperanza en el cine comercial y se lo debemos a un tipo llamado Jason Reitman.