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Historia del Graffiti (Parte 3): de la calle a los museos

Por Juan Villain / 16/08/2020
Historia del Graffiti (Parte 3): de la calle a los museos

Negar que el graffiti, desde siempre, ha tenido una pretensión artística, es pecar de ingenuo. Sin embargo, esa es la visión que la mayoría de gente puede tener sobre él. Pero los ejemplos mencionados en los capítulos uno y dos de esta saga de artículos, nos darán la razón: el graffiti es, en definitiva, un arte por derecho propio.

Pero, ¿qué tipo de arte? La respuesta sencilla sería decir que se trata de un arte pictórico. No obstante, en muchos casos, no es lo pictórico o lo estético lo que prevalece, si no lo social, lo reivindicativo o la mera competitividad por la presencia en un territorio.

Aún así, lo que nació en las calles terminó llegando a los museos, gracias a esta vocación artística que muchos graffiteros imprimieron en sus obras, llevándolo a un nuevo nivel de complejidad y calidad estética.

La gran revelación de Jean-Michel Basquiat

Como muchos niños nacidos en Nueva York de padres inmigrantes (en su caso haitianos y puertorriqueños) Jean-Michel Basquiat tuvo una infancia difícil. Partiendo de un hogar destrozados y un deambular eterno entre diferentes escuelas, el joven Basquiat pronto encontraría en las áreas suburbiales de la Gran Manzana su refugio. Allí llegaron los primeros coqueteos con las drogas y la delincuencia, pero también con la música y el graffiti.

Sería en 1977, cuando Basquiat, bajo el A.K.A de SAMO (SAme Old Shit), pintaría su primer graffiti, en un vagón del metro de la zona de SoHo, el barrio cultural de la ciudad, donde proliferaban las galerías de arte.

A partir de entonces, Basquiat fue dejando su huella a lo largo de todo Nueva York. Su estilo se caracterizaba por el empleo de frases satíricas llenas de mensajes filosóficos, algo a lo que muchos terminaron llamando ‘escritura callejera’.

Pronto, el mundillo artístico de la ciudad se intereso por el estilo poético de SAMO. Y es que, sin duda, el joven graffitero perseguía una meta mucho más artística que la del resto de sus contemporáneos. Así fue como la popular revista The Village Voice se intereso por sus graffitis, dedicándole un artículo, el cual le daría acceso al círculo intelectual de Nueva York.

Poco después comenzaría su etapa como pintor propiamente dicho. Fue apadrinado por Andy Warhol, y sus cuadros visionarios llenos de motivos africanos, calaveras, máscaras y, por supuesto, graffiti, le llevaron a las más renombradas galerías de arte de todo el mundo. Y el resto, es historia.

Banksy, la persona anónima más famosa del mundo

Si tuviéramos que elegir al graffitero más conocido del mundo actualmente, casi todos elegiríamos a Banksy. Si, quizás no sea un graffitero al uso, ya que su mezcla de stencils y un humor ácido que carga de forma bestial contra la cultura pop, no es del todo ortodoxa.

No sabemos nada, absolutamente nada, acerca de su vida. Ni siquiera sobre quién está detrás del A.K.A de Banksy (aunque existen varias hipótesis). Sin embargo, esto no evita que se haya convertido en el graffitero más conocido alrededor del globo, influenciando a varias generaciones de artistas, y colocando sus obras en los mayores museos del mundo (y vendiéndolas por un precio estratosférico), no sin estar rodeado siempre por la polémica.

Pero, sobre todo, lo que hay que reconocer a Banksy es su afán por colocar al graffiti en un nuevo lugar, logrando que, hasta la gente más cerrada, lo acepte como una expresión artística válida y plena. Una obra de Banksy la puede disfrutar cualquiera, sin importar su implicación o conocimiento sobre el mundo del graffiti.

Además, ha conseguido combinar la calle con el museo, habitar entre estos dos mundos que, a priori, se encuentrna muy alejados el uno del otro. Ha logrado, como nadie antes, que el arte urbano penetre en las grandes esferas del arte académico y deje de ser motivo de persecución y mofa, algo que, hasta la aparición de Bansky (y previamente gente como el ya citado Basquiat) era impensable.


Si quieres leer el capítulo anterior de esta «Historia del Graffiti», solo tienes que pinchar aquí.