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¿Por qué el rap es ahora más necesario que nunca?

Por JD Romero / 15/06/2020
¿Por qué el rap es ahora más necesario que nunca?

Nos guste más o menos, es un hecho que el trap ha dejado al rap más clásico en una especie de segundo lugar cuando se trata de música urbana. Aunque las dos cosas coexisten, el recibimiento del primero por parte de las nuevas generaciones, las plataformas y gran parte de los medios ha sido abrumador. Los fans del género están encantados, los seguidores del rap clásico se sienten abochornados. La historia de siempre.

También es lógico el recibimiento, si atendemos a cómo funciona el mundo. Un estilo evolucionado (o ramificado) de otro que ofrece sonidos mucho más accesibles, letras más sencillas y una musicalidad quizás más agradable. Un género menos combativo, más fácil de oír (aun con sus connotaciones pesimistas y casi depresivas como buen hijo de su tiempo), y que a los medios y a los grandes dueños de las plataformas musicales les encanta.

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Y les parece maravilloso el trap porque de golpe y porrazo elimina o deja en segundo plano todo un género musical que dedicaba varias canciones de cada álbum a hablar sobre diferencias sociales, racismo, clasismo, violencia y toda la triste realidad que molesta a los de arriba y que viven los de abajo.

Pero claro, aunque la expresión musical de los más desfavorecidos esté suavizada y casi adormilada, la realidad es tan triste como en los ochenta, los noventa o los dos mil. Pasan los años pero el mundo es el mismo, se narre más o menos en canciones.

Las posibilidades de llegar lejos en la vida (o incluso de sobrevivir únicamente) siguen siendo mucho menores en los ghettos que en los barrios adinerados, más aún en un país como Estados Unidos en el que la sanidad o la educación dependen de tu cuenta bancaria.

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Un buen momento para el rap con conciencia social

La cuestión es que el brutal y psicopático asesinato de George Floyd de manos del agente de policía Derek Chauvin ha vuelto a mostrar una realidad, esa que sigue existiendo mientras los artistas se ponen grillz, se tatúan la cara o se ponen los pelos de colores. Puedes triunfar, dejar el ghetto, comprarte un Lambo y exhibir tus joyas, pero si no cuentas la realidad que dejas atrás y no aprovechas tu status para cambiar las cosas quizás eres menos respetable como artista… También como persona.

Las protestas mundiales contra el racismo han vuelto a poner arriba canciones como ‘Fuck tha Police’ de N.W.A., «They Don’t Care About Us» de Michael Jackson, ‘Fight the Power’ de Public Enemy o ‘Sound of da Police’ de KRS-One poniendo de manifiesto cuan necesario es el rap en toda su plenitud.

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No solo se trata de reivindicar un rap más necesario que nunca en cuanto a letras que eran «La CNN del barrio» (como declaraba hace años Chuck D), sino porque los bombos, las cajas, los bajos y la cadencia del género la convierten en el mensajero perfecto de un mundo que se cae a pedazos aunque tengamos un iPhone, Netflix y unas zapatillas chulas.

Llegados un punto, los raperos se convirtieron en los nuevos cantautores -en el sentido de que canalizaban la rabia de todo un pueblo- y claro, su silencio hace de algún modo mucho bien a muchos y mucho mal a demasiados.

La voz de los desfavorecidos es hoy más necesaria que nunca

Es por ello que en un mundo donde el racismo y las diferencias sociales son cada vez más explícitos, el rap se hace más necesario que nunca. Un género que fue capaz de conectar con los más desfavorecidos de todo el mundo de modo literal, y que corrió como la pólvora porque su mensaje era tan útil como tristemente similar en todo el globo.

De la misma manera que la gente reproduce canciones legendarias de hip-hop, todos esos nuevos artistas de rap que esperan su momento quizás estén en el tiempo y el lugar adecuados. Todo aquel que tiene esa necesidad de expresarse mediante el rap y que pensaba que su mensaje no iba a viralizarse (o a ser entendido en su justa medida) ahora ha tenido una triste dosis de realidad que le demuestra cuán equivocado estaba.

Quizás es el momento de los bombos, las cajas, los samples, los bajos… Y las verdades incómodas.