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¿Acabará algún día la violencia en el rap?

La violencia y el rap, el hip-hop y la música urbana casi en general ha ido históricamente de la mano. Y ha sido tan así que lo hemos normalizado tanto como los beats, las rimas las zapatillas, las joyas o cualquier otra característica más de la música que amamos. Algo peligrosamente extraño.

Que el rap sea la expresión de la calle (en cuanto que refleja la realidad y las necesidades de un sector de la población a menudo ignorado por los medios) lo convierte en uno de sus grandes valores. Una especie de telediario de la realidad en el ghetto (tal como lo describía Chuck D de Public Enemy hace años) con el que conectamos por su honestidad, su autenticidad y por el talento nato que vemos en los artistas más allá del producto prefabricado del pop.

El rap ha sido históricamente el telediario de la realidad en el ghetto

La cuestión es que esa realidad tiene demasiadas veces otra cara de la moneda. La supervivencia en las viviendas de protección oficial (y similares) de Estados Unidos incluye que para tirar adelante sea -casi- más seguro trapichear con drogas que intentar buscar un trabajo que puedes encontrar -o no- y en el que van a pagarte el salario mínimo. El tiempo aprieta y las facturas hay que pagarlas sí o sí.

Esa desesperación que hace que la droga y los trapis sean una opción más viable en muchas ocasiones que el trabajo común y normal hace que la violencia, los ajustes de cuentas y ese tipo de situaciones vayan a menudo de la mano.

Una cuestión que se soluciona con -de nuevo- la normalización del uso de armas como solucionador de conflictos. Y eso hace que al final se interiorice tanto el uso que sacar una pistola sea un acto casi cotidiano y claro, al final se va el gatillo.

La normalización del uso de las armas demuestra que algo no va bien

Lo que podía ser un acto puntual (para nada justificado) para sobrevivir en el mundo de los estupefacientes se convierte en un medio por sí mismo.

Y de la supuesta protección pasamos al camino fácil: no podemos elegir un mejor ejemplo que el reciente asesinato de Pop Smoke en su propia casa. Uno más que se suma a una lista tan triste como interminable.

La sociedad debería ofrecer suficientes posibilidades de desarrollo y mejora a las clases más bajas para que no tengamos que llegar a estas cosas. No es que esté justificado hacerlo (ni muchísimo menos, es una auténtica locura) pero tantos asesinatos a raperos y artistas urbanos nos demuestran que algo no funciona bien en nuestra sociedad.

Esperamos que algún día hablemos de rap y música urbana y no lo relacionemos con la violencia, los tiroteos y las pandillas. En ese momento las clases más desfavorecidas estarán viendo una luz al final del camino que vendrá en forma de capacidad de salir adelante y sentirse desarrolladas como personas sin recurrir a caminos fáciles.

Mientras tanto tendremos que seguir escribiendo sobre tiroteos, asesinatos, frustraciones y violencia casi como modo de asegurarse un futuro.

La pobreza nunca condujo a ningún buen camino.


Te contamos aquí todo lo que se sabe hasta el momento sobre el asesinato de Pop Smoke.

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