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Evolución del rap en España: hablemos de Ziontifik

Por Juan Villain / 15/11/2020
Evolución del rap en España: hablemos de Ziontifik

Seguimos con la saga Evolución del rap en España, tras la última entrega junto a Chirie Vegas, llega el turno para uno de los colectivos más geniales y queridos del país: Ziontifik. Agárrense, que vienen curvas.

Fue a finales de 2009 cuando presencié el milagro. El vagón se deslizaba sobre los raíles desgastados de la línea 5 del metro de Madrid. Era un trayecto corto, de Quintana a Canillejas, apenas diez minutos. Decidí ponerme el disco que, la semana pasada a la salida del instituto, me había recomendado Javi. Pronto comenzó a sonar el sample de una guitarra española. Poco a poco harían acto de presencia el bombo y la caja, volviéndose casi corpóreos, tangibles. Tan solo era la intro: no estaba preparado para el segundo tema.

Casi sin previo aviso una voz, desde el más profundo interior de mis cascos, dijo: «Nací a mediados de los ochenta, / mis padres cabalgaban el caballo, ¿te das cuenta? / algo falló, no sé si la renta, / por eso ahora mismo no importan las ventas.»

El tren, que hasta entonces se encontraba detenido en una estación color azul pálido, arrancó. El ritmo propio del metro, prácticamente por arte de magia, empezó a acompasarse al de la canción como si se tratase de una respiración simultánea a la suya. De pronto, click-clack, se ensamblaron a la perfección. Me pasé de parada. Allí estaba, el milagro.

El grupo se llamaba Acqua Toffana; el disco, ‘El Veneno’.

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Rap Honoris Causa

Quemé aquel disco durante meses. En ese tiempo, mi dieta sonora se basaba en Acqua Toffana y D’Angelo, obsesivamente. Eran tiempos extraños, de cambio y vientos nuevos y desconocidos. Tenía 16 años. Creo que eso explica todo.

Pero el tiempo pasó y, realmente, lo único que pasó fue el tiempo, hasta que en 2011 me llegó una notificación a mi cuenta de YouTube. Elio Toffana había subido una canción llamada ‘La Purga’ y, al parecer, pertenecía a una serie de temas llamados Ziontifik Black Ops.

En él podíamos ver a Elio cayendo en una espiral de locura o conocimiento (¿al fin y al cabo no son distintas caras del poliedro?) en mitad de una biblioteca atiborrada de libros antiguos. El beat estaba a cargo de Dano, la mente maestra que se intuía al final de las sombras. Además, Elio -y esto puede parecer un detalle insignificante, pero no lo es en absoluto- iba vestido de Polo.

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Aquella fue mi entrada al universo de referencias, metáforas y símbolos de Ziontifik. A ‘La Purga’ le siguieron el resto de ‘Black Ops’, y lo que todos sospechábamos en aquella época al final ha resultado cumplirse: Ziontifik cambió la forma de hacer rap en nuestro país.

Pero no solamente a nivel musical, sino también a nivel estético y audiovisual. Aquel colectivo no estaba compuesto únicamente por músicos (Cabal, Kuma, Dano, Elio Toffana, Kael Toffana, Tony Karate y Nethone), sino también por gente que se ocupaba única y exclusivamente de la creación de contenido audiovisual para cada uno de los lanzamientos de Ziontifik (Javier Díaz, Alejandro Valderas y Roberto Camello).

‘Black Ops’ fue, probablemente, el primer proyecto en la historia del rap español en elaborarse con tanto mimo, cuidando hasta el más mínimo detalle, tratando de hacer que los engranajes encajaran a la perfección como en un Rolex. Pero la historia no había hecho nada más que empezar.

Ziontifik got the juice

Aproximadamente un año después de ‘Black Ops’ llegaba ‘El Corro’, un nuevo proyecto donde, en forma de cypher, se reunían viejos perros y nuevas promesas del rap español. Cómo no, la idea nacería en el seno mismo de Ziontifik.

Aunque ‘El Corro’ solo tuvo dos entregas (la primera en 2012 y la segunda dos años después), por aquel proyecto pasaron C. Tangana, Manto (ahora Sticky M.A), Erik Urano, Niño Maldito y Ébano, entre muchos otros. Allí se reunieron algunas de las diferentes piezas del rompecabezas que, poco después, darían forma a la escena actual. Y es que el talento -indiscutible- y el trabajo duro no sirven de nada si no se tiene una visión.

La visión. Algo de lo que en Ziontifik iban sobrados.

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Pronto comenzarían a rodar videoclips para otros artistas, a componer beats, a masterizar discos ajenos. Parecía que desde Ziontifik querían dar muerte al famoso «divide y vencerás»: aquello era una gilipollez y ellos lo sabían.

Lo que hacía falta era crear una escena, una de verdad, en la que todo el mundo remara a favor de la marea, y no en contra. Si el producto global no era fino, esa escena no podría existir. Hacía falta profesionalidad, ambición, pero no solo por partes de los rappers y los productores. Se necesitaban más mánagers, más prensa, más directores creativos, más filmmakers. Y ellos lo hacían todo, absolutamente todo. Y además, bien.

En España había talento. Estaba ahí, se podía palpar, se podía escuchar en decenas y decenas de maquetas. Pero el talento, sin una estructura que lo levante, tan solo se queda en un «y si…». Ziontifik había llegado para cambiar las reglas del juego. O, mejor dicho, para crearlas. Y detrás de todo aquel plan maestro había un mano que movía, silenciosamente, los hilos.

Dano, o el portador de la visión

Se dice que, en 1992, RZA prometió al resto de miembros de Wu-Tang Clan que bajo su control -tanto creativo como empresarial- el grupo dominaría la escena del hip hop en tan solo cinco años. Como todos sabemos, el plan de RZA funcionó a la perfección.

Algo así, siempre desde la más pura imaginación, es lo que siempre he pensado de Dano: una figura que cuenta con más de un paralelismo con la de RZA. Los dos han sido los portadores de esa visión que antes comentábamos, si bien los contextos y las épocas sean radicalmente diferentes.

Hacer una presentación digna de Dano es una labor prácticamente imposible. Podríamos decir de él que es productor, arreglista, filmmaker y MC. Pero quizás, lo más justo, sea definirle como arquitecto, como alguien que ya estaba en la movida mucho antes de las multis, los fans y las giras internacionales.

Desde la aparición de su primera referencia, ‘Cierra los ojos’, en 2007 hasta el turbulento 2020, Dano ha metamorfoseado innumerables veces. Es el ejemplo perfecto de artista multidisciplinar y absoluto. Ha producido la mayoría de lanzamientos de Ziontifik, incluyendo los suyos propios, con la excepción del monumental ‘Equilibrio’ (2012), así como algunos de los trabajos más influyentes de nuestra escena en los últimos años como ‘Maracucho bueno muere chiquito’ (2018) de Cruz Cafuné, entre otros.

No solo es nuestro RZA, sino que también es, a su manera, nuestro Quincy Jones. Además, su mirada se encuentra detrás de algunos de los videoclips más icónicos de gente como Duki o C. Tangana.

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Aún así y con todo, Dano es el autor de uno de los discos más importantes de la historia del rap en nuestro idioma. Estamos hablando de ‘Istmo’ (2019), la obra magna, la joya más brillante de la corona, un coloso en el que se condensa y se sublima toda su trayectoria. El disco que a todos les habría gustado producir y escribir. Pero claro, todos no son Dano.

‘Istmo’, aunque en una primera escucha pueda no parecerlo, es un álbum conceptual. Su concepto es el rap: su tradición, sus códigos, su lenguaje, sus influencias e incluso su estética, algo -esto último- que podemos comprobar en el film que acompaña al disco. Nadie en nuestro idioma se había acercado a la perfecta redondez de este trabajo, a sus múltiples e interminables capas de lectura e interpretación.

Dano no es solo la mente maestra detrás de Ziontifik y todo lo que significa el legado, más vivo que nunca, de dicho colectivo. Es también nuestro más fino orfebre. Y con el paso de las décadas esto se va a ir haciendo cada vez más evidente. El único que realmente se merece la colabo con Nas.


Empezamos nuestro viaje al repaso de la evolución del rap en España con Uglyworkz: y si no sabes quiénes son, te contamos aquí por qué deberías.